El gran olvidado fue el más sufrido

EL GRAN OLVIDADO FUE EL MÁS SUFRIDO

Por Pedro Monge Rafuls, dramaturgo cubano-neoyorquino

El 4 de agosto se han cumplido ciento siete años del nacimiento de Virgilio Piñera, el creador del Teatro del Absurdo con “Falsa alarma”, antes de que Eugène Ionesco (1909-1994) escribiera “La soprano calva” y se llevara el reconocimiento.

   Conozcamos algo del escritor más sufrido y olvidado del mundo entero y, seguramente, de América Latina. Virgilio Domingo Piñera Llera nació el  4 de agosto de 1912 en Cárdenas, Matanzas, ciudad cubana en la que transcurrió su infancia. Luego, en 1925, su familia pasó a residir en Camagüey. Allí fundó, junto a otros dos jóvenes, la Hermandad de Jóvenes Cubanos para promover y difundir la cultura. Su poema “El grito mudoes recogido en la antología Poesía cubana de 1936,compilada por Juan Ramón Jiménez y Camila Henríquez Ureña. Se estableció en La Habana en 1938 y estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana entre 1937 y 1941. Escribió sus primeras piezas teatrales y publicó poemas en la revista Espuela de plata, dirigida por José Lezama Lima y Guy Pérez Cisneros. En 1941 escribió Electra Garrigó, una obra basada en el mito griego que, para muchos, comenzó el movimiento de teatro moderno cubano. En 1942 fundó la revista Poeta. Además de la Espuela de plata, y colaboró en varias revistas. Publicó su poema “La isla en pesoen 1944, en el volumen Poesía y prosa. Uno de los volúmenes de poesía más nombrado en Cuba. Marcador de muchos escritores.                                                                          

En 1946 marchó a Buenos Aires, Argentina, con una beca de la Comisión Nacional de Cultura de ese país. Allí presidió el comité de traducción de la novela Ferdydurke, del escritor polaco Witold Gombrowicz, a quien lo unió una profunda amistad. Después de volver a Cuba, escribió y publicó “Falsa alarma” en 1948, la obra que marca el principio del Teatro del Absurdo, aunque nadie lo conoce, y menos lo acepta. El mérito se lo dan a Ionesco, que escribió “La soprano calva” después que Piñera, ¿será por qué es europeo?. Piñera regresó a Buenos Aires en 1950, donde permaneció cuatro años y trabajó como empleado en el consulado cubano. Más adelante viajó a Bélgica y Francia. Publicó, en la ciudad rioplatense, su novela “La carne de René(1952), una novela de tema homosexual, que revolucionó la narrativa cubana por su crueldad; y Cuentos fríos. (1956), también clave en la literatura latinoamericana. En septiembre de 1958 regresó definitivamente a La Habana, donde publicó al año siguiente su pieza teatral. Aire frío, considerada también como clave en la dramaturgia cubana. Ha sido montada varias veces en New York: Recuerdo haberla visto en el Centro Cultural Cubano, con las actuaciones de Doris Castellanos y José Corrales. También, dirigida por María Irene Fornés en INTAR, en inglés. La última puesta en escena neoyorquina fue en el Repertorio Español, dirigida estupendamente por Leyma López. Fue llevada al cine.                                                                                                    

En 1959, Piñera participó activamente en el júbilo y las expectativas generadas por la caída de la dictadura batistiana y el triunfo de la revolución castrista, considerada humanista en ese momento. Tuvo a su cargo una sección fija en el periódico Revolución  y colaboró asiduamente con el magacín cultural Lunes de Revolución. Su poema Vida de Flora apareció en la antología Las mejores poesías cubanas, publicada en Lima, Perú. En 1960 Ediciones R, de La Habana, publicó su Teatro completo. En 1961 asistió al Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas, realizado en La Habana marcando, lamentablemente, el principio de su fatalidad. Dicen, que se levantó, en medio de todos los intelectuales y escritores reunidos, a los que se dirigía Fidel Castro, anunciando su política de “Con la Revolución todo, contra la Revolución ningún derecho”, y dijo: “Tengo miedo, mucho miedo”. Muchos presentes afirman que Castro se dirigió a su Ministro de Educación y le preguntó “Y ese maricón, ¿quién es?” Comenzó una punición, a causa de su posición cuestionadora, que tuvo su mayor castigo en los años setenta. Situación desastrosa para su vida en la isla, calificada, por él como “muerte civil”. Piñera sufrió un período de aislamiento, como pocos autores del mundo, posiblemente como ninguno en América Latina. Sus contemporáneos lo negaban para no ser identificados, iguales que él, como colaboradores, homosexuales, o contrarrevolucionarios (así se le llamaba a los anticastristas, para hacer creer que traicionaban la Patria). Fueron años de silencio editorial y exclusión en las carteleras teatrales. Me han dicho que en ocasiones lo escupieron en la calle. No dejó nunca de escribir, aunque se sentía escéptico ante lo que denominaba “la dudosa reparación de la posteridad”; y algunas de sus obras se montaron en escenarios de otros países o se publicaron, bien en español, bien en traducciones, fuera de Cuba.

Piñera murió en La Habana el 18 de octubre de 1979 de un infarto cardíaco. En su máquina de escribir quedó una de las cuartillas de su último proyecto teatral Un pico o una palaEscritor infatigable, dejó numerosos textos inéditos, algunos ya preparados para la imprenta: dos volúmenes de cuentos, uno de poesía y varias traducciones. En cuanto a su obra como dramaturgo, las investigaciones en su papelería revelaron la existencia de veinte títulos (nueve publicados), y más de cien cuartillas de proyectos inconclusos.

Irónicamente, “perdonado después de su muerte” se convirtió en un pilar de la literatura cubana actual, reverenciado por muchos de los que lo persiguieron o negaron. En 1982, sus restos fueron exhumados y trasladados al cementerio de Cárdenas, su ciudad natal, y en 1986 la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) le dedicó un acto de recordación y homenaje. A fines de los ochenta, Rine Leal, estudioso de la obra de Piñera, fundó la Cátedra Honorífica dedicada al estudio, la promoción y divulgación de la dramaturgia de Virgilio Piñera. Sus obras dramáticas no se volvieron a editar hasta 1987, ocho años después de su muerte, como parte del tomo III de la compilación de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.

Varios dramaturgos y teatristas que lo conocieron, me han dicho que era un hombre delgado, de movimientos amanerados y nerviosos, enamorado de la masculinidad  de los hombres toscos; pero su trabajo no puede considerarse bajo esa perspectiva y, lo importante no es, en absoluto, detenernos en detalles personales, sino en que este hombre, el gran poeta y el gran experimentador del teatro, era un hombre de convicciones humanas y políticas. Un hombre con intereses y ansias literarias, a la par de los más grandes escritores o intelectuales, y más aún, un teatrista nato. Se le atacó por sus convicciones políticas, usando el pretexto de su homosexualidad, posición homofóbica excusable en la sociedad cubana; y le hicieron la vida imposible durante muchos años del régimen castrista. Sin embargo, no pudieron opacar su personalidad, su talento, ni su cultura. Piñera es un referente literario y cultural, al mismo tiempo que un poderoso símbolo de rebelión e independencia. Esta actitud de enfrentamiento pasivo, irreverente pero intelectual, ha contribuido a que su imagen, su poesía y sus escritos, sobre muchos temas, se respeten y valoricen más, y que sus trabajos sean considerados actualmente modelos ejemplares para los jóvenes escritores cubanos.

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