“Los días animales” de Keila Vall de la Ville; por Rómulo Páez

(Foto: Dagne Cobo Buschbeck)

LOS DÍAS ANIMALES

De Keila Vall de la Ville

Keila Vall de la Ville nació en Caracas, Venezuela. Es Antropóloga (U.C.V.), Magister en Ciencia Política (USB), MFA en Escritura Creativa (NYU), MA en Estudios Hispánicos (Columbia University) y escritora.

Entre su prolífica producción se cuentan además de Los días animales, obras como: el libro de cuentos Ana no duerme (2007 reeditada en 2016);  Miradas y palabras sobre Caracas, para bien o para mal (2013); De qué va el cuento: Antología de relato venezolano 2000-2012 (2013); ¡Bastä! 100 mujeres contra la violencia de género (2015); el poemario Viejo Legado (2016); también fue incluida en la Multilingual Anthology: “The Americas Poetry Festival of New York (2017); además ha sido fundadora de movimientos literarios como “Jamming Poético”. Tiene una columna The Flash en la revista online “Viceversa Magazine” (New York) y nota al margen en la sección del papel literario del diario “El Nacional” (Caracas).

El título Los dias animales es una metáfora de la experiencia vivida por Julia -narradora protagonista- como miembro de un grupo de jóvenes escaladores. Julia estudiante de biología recurre al deporte de escalar en busca de nuevas vivencias, que le permitan sustituir la monotonia, las dolencias de su vida familiar, y quizás, poder encontrar la felicidad que no ha obtenido en su hogar.

En los dos primeros capítulos Julia describe la personalidad de su padre y la de su madre, al igual que lo hace con Rafael, compañero del grupo de escaladores y de quien termina enamorada. Ella comenta los comportamientos de los padres y la relación que mantuvo con su madre hasta el momento de que ésta muriera. También presenta la imagen de Rafael, un joven violento, problemático para sus camaradas deportistas, al igual que para los extraños y hasta para con ella:

Los amigos decían que él tenía problemas con la bebida. Que se ponía violento al tomar y que bebía con frecuencia. Que no paraba hasta que no veía sangre, la suya o de su contrincante, daba igual. Se destrozaba en la   calle sin motivo, como un charro, o como dicen en mi país que se pelean los charros, por pura necedad o necesidad de demostrar que son machos o que pueden serlo. (11)

En el segundo capítulo presenta la relación con sus padres y las consecuencias que padece al ella ser la víctima directa de la separación de sus progenitores. De su padre nos habla como si lo estuviera haciendo de una persona amiga o casi extraña:

Carlos no es un mal tipo pero nunca lo vi mucho. Los cumpleaños de las primas. La navidad o la noche de año nuevo, una de las dos. Una vez fuimos a Disney World. Se ocupaba de lo básico. Bluyines nuevos de vez en cuando, el pago de algunas mensualidades en el colegio, de una que otra consulta médica. Cajas de creyones. Una calculadora. No supo, como dice él mismo,       compaginar el despecho que sentía por mí mamá con mi propia existencia,con su propia continuidad. La herencia se le hizo pezada.” (19)

Y luego añade que en su relación de hija con el padre, solo conservaba algunas fotos de viajes y algunos recuerdos: “No hay mucho más que contar, practicamente no lo conozco”. (21) Al contrario al hablar de su madre, lo hace con admiración:

Con mi mamá era otra cosa. Una mujer pragmática, confiable, consecuente. Guardaba todo. Guardó mi primer diente para hablar mal de la costumbre, de sí misma. –Qué mal gusto–decía de vez en cuando-. Parezco africana, caníbal. Qué se yo. En cualquier momento este colmillo se pudre -pero nunca lo botó. Conservaba todo. Mis dibujos de kinder y muchas fotos. Ropa, toda la ropa. En cualquier momento vuelve a estar de moda otra vez-. Mis notas del colegio. Mis lazos, más fotos, las carpetas de primaria. Trabajaba de ocha a ocho… “ (21 – 22).

Además nos confiesa cómo fue su comportamiento con su madre al ser hija única, -puesto que no considera como hermanos a los hijos de Carlos- y la consentida.

En los siguientes capítulos Julia describe en forma catártica su experiencia junto a sus  compañeros en el deporte de escalar, al tiempo que contrasta los hechos por los que va pasando en el campo con sus recuerdos familiares, específicamente con su madre. En su relación salen a relucir sin ningún rubor sus sentimientos, gustos, relaciones sexuales, necesidades e ideales de una joven veinteañera que ha decidido  arriesgar su vida en un deporte violeno como es el de escalar, y además el de compartir o aceptar los comportamientos de los demás miembros de la familia deportiva.

Julia es el resultado de una relación matrimonial frustrada. Su padre la abandona siendo niña, y cuando se encuentra con ella para pasar algún determinado tiempo como padre,  en vez de asumir el papel de un padre afectivo, su comportamiento es desajustado y hace que la niña se sienta culpable de las consecuencias que él sufre por la separación conyugal. Al contrario su madre es una mujer sacrificada por la familia, sobre todo por Julia, única hija. Julia por lo tanto se cría viendo los esfuerzos padecidos por la madre, y al mismo tiempo, siente la presión de los prejuicios maternos, lo que la lleva  a compartir con sus estudios de biología el buscar en el deporte de escalar una vertiente que la aleje de la experiencia vivida en torno de sus padres. Por lo tanto sus primeros sentimientos de joven mujer son los de escapar a llevar en el futuro una vida como la ha llevado su madre. Eso la hace incursionar en el deporte e integrarse con otros jóvenes que le auguran un presente y posible futuro placentero.

Los días animales” nos plantea una serie de situaciones vividas por Julia, desde su niñéz hasta el momento que decide terminar de vivir los días tormentosos al lado de la familia de animales, sus compañeros, y la muerte de Rafael. Pero además nos plantea la posición de la mujer actual, dispuesta a asumir las consecuencias por su posición ante el medio que la rodea. .La obra termina con un final abierto cuando Julia decide enmendar su situación vivencial.

Aunque la tesis de la novela está basada en dos jóvenes que se enamoran mientras forman parte del grupo de escaladores, teniendo como protagonista a un personaje femenino, en la misma se plantean una serie de aberraciones sociales en el que se vislumbran acciones y efectos que son el producto de una sociedad regida por el hombre y en el que una parte de la población femenina, por muy inteligente que sea, aceptan en cierta medida esa imposición, y hasta se podría decir que en determinados momentos la justifican al llegar a querer igualarse al hombre al imitar su comportamiento.

No aseguro que la intención de Vall de la Ville haya sido el de plantear una crítica a los que practican el deporte de escolar, al mostrar sus modales de comportamiento cuando forman parte de una familia de deportistas, como los llama la protagonista. Pero Julia a través de su narración presenta escenas de violencia sexual y violencia doméstica entre los escaladores y escaladoras, que los ve como naturales entre ellos, y hasta hay momentos en que ella se solidariza con el comportamiento de los hombres hacia las mujeres. Leamos estos diálogos cuando Julia nos narra la situación  del Gocho y la novia:

Bien, pana -dijo Fabi a El Gocho dándole dos palmaditas en la espalda. Vas bien, Gocho, sigue así, le estaba diciendo con las palmaditas. Así se hace. Supuestamente eran novios desde hacía poco, pero por algún motivo no se habían cogido aún. Se veía que el pobre llevaba todas las de perder. “ (43)

Ahora leamos cuál es la posición de la novia:

Estos güevones se creen que porque te llevan un morral les vas a abrir las piernas – dijo ella cuando la alcancé. El comentario me pareció excesivo. Él iba atrás con Fabi, con la cuerda enrollada entre el hombro y la cintura como una banda de Miss Universo, mirando al suelo, de vez en cuando llamándola. Ella no contestaba.

Tampoco así. le dije- Dile algo. Además el pana está chévere, no pierdes nada.

– Cógetelo tú, si tanto te gusta -me respondíó.

– No, vale, ¿qué te pasa? Tampoco así – le dije pensando en que el miedo saca el  animal que todos tenemos por dentro.

– Quédate sana entonces.

– Tamposo así -insistí- y le advertí: – No te pases. (43 – 44)

Hay otras escenas en que se hace visible el comportamiento del hombre hacia la mujer, como cuando Rafael viola a Julia practicamente en su primera relación sexual, o cuando por celos la maltrata y ella como puede se defiende. Lo grave de la situación es que esa violencia es aceptada en cierta forma por la escaladora, ella, aunque con miedo, continúa al lado del novio y termina buscándolo cuando él desaparece.

A mi manera de ver, la autora en su novela muestra la realidad entre los practicantes de ese deporte, al presentar no solo el comportamiento del personaje co-protagonista que es Rafael, sino también a otros personajes que aparecen en el transcurso del desarrollo de la obra y su conducta es similar al del co-protagonista.

Julia es un personaje carismático. Ella tiene el don del saber contar y describir las situaciones e imágnes por las que pasa u observa. A medida que nos va contando parte de su incursión por su mundo como escaladora y enamorada, nos demuestra su habilidad como observadora de los lugares que recorre. Nos presenta las imágenes de los lugares en donde escala, nos describe su emoción al contemplar a la naturaleza, nos presenta a los actores casuales y nos deja saber sus conclusiones casi críticas al comentar escenas por las que tiene que pasar en su recorrido de mujer joven arriesgada como lo hace cuando se lanza para la India:

Y sí. Me imaginaba o más bien recordaba lo que había escuchado sobre sus orgías amparadas en el amor libre, las denuncias de abuso sexual y las normas de vestuario; todos tienen que ir del mismo color dependiendo de    la hora, o del día. Eso cuando van vestidos, porque también hay fiestas nudistas. No mencionó nada de eso. O sí. Sólo lo de los colores. Explicó con los ojos desorbitados que hay tres casas de Osho en la Indía, que desde que se llega hasta que se sale se debe vestir de blanco o de vino tinto dependiendo de la actividad en la que se participe, que hay horarios de sitting meditation, de Walking meditation, de dancing meditation, que se hace karma yoga en la cocina y limpiando la casa o lavando la ropa de todos. Y que lo mejor son los bailes. (194)

Los días animales” me cautivó desde el comienzo hasta el final. La primera razón para que esto sucediera fue encontrarme de nuevo con mi lengua materna, caraqueña, después de mucho tiempo sin sentirla tan directa como cuando Julia se expresa. Otra razón fue la espontaneidad con que Julia nos narra sus vivencias.  Y otra razón es que en la novela, a pesar de que el tema esta relacionado con un deporte, en la misma se muestran elementos del comportamiento en las parejas, como un reflejo del entorno social en el que se desarrolla la trama novelística.

Al leer Los días animales inmediatamente sentí la peculiarídad del habla del caraqueño. Déjenme aclararles que cuando subrayo esa peculiarídad, lo que quiero señalar es  que aunque los caraqueños hablamos un español estandard, lo que nos podría en cierta forma distinguir de otros hablantes del español en otras capitales latinoamericanas es nuestro tono al hablar que va acompañado de un ritmo alegre, expresivo, claro en cuanto a las imáganes que emitimos cuando nos referimos a determinados hechos, casos o situaciones como lo hace Julia a través de su narración. Nuestro tono es dulce sin llegar a lo meloso. Si levantamos el tono, no es un grito desgarrador aunque la situación lo amerite. Nuestro tono al hablar es de confianza, de amistad, el de transmitir respeto. No somos agresivos al expresarnos, por mucha rabia que tengamos, aunque decimos las cosas por su nombre y bien claras como lo manifiesta el personaje central de la obra. Con el tiempo nos hemos puesto quizás un poco groseros, como lo hace Julia y sus compañeros con algunas expresiones -el caraqueño de anteriores generaciones era muy cuidadoso con su vocabulario- quizás podríamos decir que eso se debe a las influencias que nos han llegado -Caracas fue en una época la cuna, no solo de la inmigración interna del país, sino además, de la inmigración europea y latinoamericana, sobre todo de la inmigración latinoamericana, a quienes les abrimos las puertas sin reservas cuando así lo necesitaron… Pero, volviendo a nuestro análisis de la lengua en la novela, casi siempre cuando decimos las vulgaridades, ellas suenan jocosas porque nuestra expresión, nuestra manera de decir así lo sugiere. Por ejemplo en uno de los momentos en que Julia nos cuenta algo de una de las compañeras de quien sospechaba que había tenido se jujú con Rafael, comenta:

cuando volvieron Laura me saludaba como si nada, escalábamos juntas.  Un día le pregunté por Colombia y me dijo que no había ido nunca. La muy puta. Escalaba con push ups.  (70) (subrayado mío).

Lectores lo que les he sañalado sobre la lengua del caraqueño en la novela, no quiere decir que el lenguaje utilizado por la autora sea un languaje regionalista o costumbrista, todo lo contrario, es un español universal. Un lenguaje fresco, cordial, humorístico, a veces sarcástico como la cita que acabamos de leer, pero siempre con la característica del humor.

La estructura de la novela es variada. La autora juega con el manejo de los tiempos. Julia a através de su exposición hace transiciones que la llevan a sus días pretéritos junta a la madre o al padre sin perder la exposicion en el presente. No importa con quien se encuentre en el presente, sea con Rafael o alguna de las situaciones durante las escenas de montañas, el cambio del presenta al pretérito o a la inversa está logrado en el desarrollo de toda la obra. Este juego hace que la obra se sienta más ligera y amena al mantener esos contrastes, al tiempo que le permite al lector imaginar la situación  psicológica por los que pasa el personaje en los momentos de transición emocional.

Les recomiendo a los lectores no se pierdan de leer Los días animales de De Keila Vall de la Ville. Les aseguro que la disfrutarán.

R.P.C. 10/07/2018.

Nota: Val de la Ville, Keila. Los días animales. Oscar Todtman Editores. Caracas, Venezuela, 2016.

 

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