De lo que yo vi en “Yo no soy el Rey Lear”

“Yo no soy el Rey Lear”, escrita por Manuel Ángel Conejero, dirigida por Jhon Franch, protagonizada por Luis Alberto García y Sebastian Stimman. Vestuario de Franco Galecio. Producción LibelluX 

“Yo no soy el Rey Lear” yo la subtitularía “No soy lo que están diciendo” porque señores, yo no vi lo que el resto de los espectadores vio. Yo no vi nada que no haya visto anteriormente. ¿Será que estoy teniendo ya síntomas de miopía y sordera? Esos comentarios han hecho mucho más ruido que nueces… yo hasta vi espectadores cabecear, ¿o sería que movían  la cabeza afirmando lo que no veían? LUIS ALBERTO como el rey es la interpretación más lineal que he visto en los últimos años, ni los forzados y súper artificiales matices que quiso dar lo salvaron, yo no puedo creer que es el mismo actor que se desdobló magistralmente en “Otra historia” allí fue personaje-persona aquí caricatura-símbolo, no vivió el texto, lo representó y cumplió muy bien con ello, cosa que lo hacen hasta los niños de mi escuela:  “el rey es rey y debe lucir como rey”. No se si la dirección hundió o salvó  el rebuscado y casi espantoso texto que no lleva a ningún lado ni plantea ninguna solución y que 48 horas después me sigo preguntando ¿qué se proponía el autor? Y todavía me sigo preguntando porque el director pedía en las audiciones que los actores hablaran español cortesano? Dirección logró técnicamente canalizar el texto, que iba hacia la deriva continuamente, con efectos de iluminación y sonidos que él mismo, muy bien, manejó. El vestuario cumplió con su función. Eso si, capítulo aparte para  el intérprete del bufón, el joven actor, escritor y director peruano SEBASTIAN STIMMAN que no solo demostró nuevamente que es uno de los talentos jóvenes más destacados de la ciudad sino que sentó CÁTEDRA en esta interpretación. Cada línea de su discurso escénico estaba llena de vida, cada movimiento corporal proyectaba emoción, intención, entonación, interpretación y todas las “ción” del léxico teatral, era una continua danza entre la palabra y la acción, su dominio y desplazamiento escénico le dio una vida al bufón mucho más allá del texto, del escenario. La verdad de su personaje le salía por los poros, por las pupilas, le creímos le sentimos su honestidad, su sinceridad. La dualidad de bufón-Cordelia, Cordelia-bufón sólo pudo ser superada por el propio Stimman cuando se desdobla en los múltiples periodistas/reporteros no solo en las actitudes y acentos que a ellos daba, ahora, sentado, danza con cada músculo de su rostro para dar expresión facial a la voz que desdobla logrando formar  máscaras al nivel de la película “The Mask”, con la diferencia que allí Jim Carrey se vale de recursos técnicos y aquí Sebastian solo se vale de sus músculos faciales! ¡Qué lección de interpretación teatral nos regaló Sebastian Stimman!, Gracias, maestro. Y con dos preguntas cierro esta nota, ¿Como es posible que vi sólo esta parte de lo que todo el mundo alega que vio? ¿Habré vivido yo un TwilightZone? 

Please like & share:

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.