García-Oliva: misión, visión y metas del Día Internacional del Teatro

El Día Internacional del Teatro / misión, visión y metas

por Manolo García Oliva 4 de abril 2019 

        Se celebra y conmemora anualmente el 27 de marzo por el Centro ITI (International Theatre Institute) y la comunidad teatral internacional. El ITI, es la organización de las artes escénicas más grande del mundo fundada en 1948 por un grupo de expertos en teatro y danza y por la UNESCO (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization). Varios eventos teatrales tanto nacionales como internacionales son organizados para conmemorar esta ocasión, siendo el más importante la circulación del Mensaje Internacional del Día Mundial del Teatro a través del cual, por invitación del ITI una figura de talla mundial comparte sus reflexiones del teatro y la cultura.

Iniciado en 1962, con el mensaje de Jean Cocteau, lo han hecho: Arthur Miller, Laurence Olivier, Jean-Louis Barrault, Miguel Ángel Asturias, Peter Brook, Pablo Neruda, Luchino Visconti, Ellen Stewart, Eugene Ionesco, Antonio Gala, Federico Mayor Zaragoza, Arturo Uslar Pietri, Edward Albee, Judi Dench, John Malkovich, Dario Fo, Isabelle Huppert y Sabina Berman entre otros.

                                 MENSAJE 2019

La celebración se llevó a cabo este año en dos ciudades, Roma y Pesaro, y por supuesto siendo la principal la llevada a cabo en la capital italiana.

Por vez primera a un creador cubano se le concede el honor de dirigirse a sus colegas del mundo para celebrar el Día Mundial del arte de la escena, recayendo este honor en Carlos Celdrán, director artístico y fundador de Argos Teatro de La Habana, Premio Nacional de Teatro 2016, y cuyas puestas que incluyen, “El rey de los animales”, “Safo”, “El alma buena de Se-Chuán”, “La vida es sueño”, “La señorita Julia”, “Vida y muerte de Pier Paolo Pasolini”, “10 millones”, las cuales han sido aplaudidas por los públicos de Brasil, Italia, Inglaterra, Venezuela, Francia, España, los Países Bajos, Singapur, Colombia, además del cubano.

A continuación el mensaje que leyó Carlos Celdrán en Roma, Italia en el foro que celebró un aniversario más del día universal de la escena.

Antes de mi despertar en el teatro, mis maestros ya estaban allí. Habían  construido sus casas y sus poéticas sobre los restos de sus propias vidas. Muchos de ellos no son conocidos o apenas se les recuerda: trabajaron desde el silencio, desde la humildad de sus salones de ensayo y de sus salas llenas de espectadores y, lentamente tras años de trabajo y logros extraordinarios, fueron dejando su sitio y desaparecieron. Cuando entendí que mi oficio y mi destino personal sería seguir sus pasos, entendí también que heredaba de ellos esa tradición desgarradora y única de vivir el presente sin otra expectativa que alcanzar la transparencia de un momento irrepetible. Un momento de encuentro con el otro en la oscuridad del teatro, sin más protección que la verdad de un gesto, de una palabra reveladora.

Mi país teatral son esos momentos de encuentro con los espectadores que llegan de noche a noche a nuestra sala, desde los rincones más disímiles de mi ciudad, para acompañarnos y compartir unas horas, unos minutos. Con esos momentos únicos construyo mi vida, dejo de ser yo, de sufrir por mí mismo y renazco y entiendo el significado del oficio de hacer teatro: vivir instantes de pura verdad efímera, donde sabemos que lo que decimos y hacemos, allí, bajo la luz de la escena, es cierto y refleja lo más profundo y lo más personal de nosotros. Mi país teatral, el mío y el de mis actores, es un país tejido por esos momentos donde dejamos atrás las máscaras, la retórica, el miedo a ser quienes somos y nos damos las manos en la oscuridad.

La tradición del teatro es horizontal. No hay quien pueda afirmar que el teatro está en algún centro del mundo, en alguna ciudad o edificio privilegiado. El teatro, como lo he recibido, se extiende por una geografía invisible que mezcla las vidas de quienes lo hacen y la artesanía teatral en un mismo gesto unificador. Todos los maestros del teatro mueren con sus momentos de lucidez y de belleza irrepetibles, todos desaparecen del mismo modo sin dejar otra trascendencia que los ampare y les haga ilustres. Los maestros del teatro lo saben, no vale ningún reconocimiento ante esa certeza que es la raíz de nuestro trabajo: crear momentos de verdad, de ambigüedad, de fuerza, de libertad en la mayor de las precariedades. No sobrevivirán de ellos sino datos o registros de sus trabajos en videos y fotos que recogerán solo una pálida idea de lo que hicieron. Pero siempre faltará en esos registros la respuesta silenciosa del público que entiende en un instante que lo que allí pasa no puede ser traducido ni encontrado fuera, que la verdad que allí comparte es una experiencia de vida, por segundos más diáfana que la vida misma.

Cuando entendí que el teatro era un país en sí mismo, un gran territorio que abarca el mundo entero, nació en mi una decisión que es una libertad: no tienes que alejarte ni moverte de donde te encuentras, no tienes que correr ni desplazarte. Allí donde existes está el público. Allí están los compañeros que necesitas a tu lado. Allá, fuera de tu casa, tienes toda la realidad diaria, opaca e impenetrable. Trabajas entonces desde una inmovilidad aparente para construir el mayor de los viajes, para repetir la Odisea, el viaje de los argonautas: eres un viajero inmóvil que no para de acelerar la densidad y la rigidez del mundo real. Tu viaje es hacia el instante, hacia el momento, hacia el encuentro irrepetible frente a tus semejantes. Tu viaje es hacia ellos, hacia su corazón hacia su subjetividad. Viajas por dentro de ellos, de sus emociones, de sus recuerdos que despiertas y movilizas. Tu viaje es vertiginoso y nadie puede medirlo ni callarlo. Tampoco nadie lo podrá reconocer en su justa medida, es un viaje a través del imaginario de tu gente, una semilla que se siembra en la más remota de las tierras: la conciencia cívica, ética y humana de tus espectadores. Por ello, no me muevo, continuo en mi casa, entre mis allegados, en aparente quietud, trabajando día y noche, porque tengo el secreto de la velocidad.”

Gracias Zulema Clares, por haber sido mi cómplice en este texto y viaje que me mostró unas palabras sublimes y profundas.           

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