Puesta de “Laura mía…” de Ramos Perea en el Victoria Espinosa

     

    Ya no recuerdo cuando fue la última vez que vi una obra de teatro en Puerto Rico así que prácticamente en tres décadas este fue mi primer reencuentro con una puesta escénica en la tierra que me vio nacer.  Orgullo extra es señalar que aparte de este hecho, debo añadir que es la primera vez que asistía al Teatro Victoria Espinosa, quien fue una de las  mentoras  y directoras que forjaron mi carrera y que a parte de esto, iba a conocer en persona uno de los dramaturgos puertorriqueños más admirado y respetado de nuestro teatro contemporáneo, el maestro Roberto Ramos Perea, y disfrutar de su propia autoría y dirección de “Laura Mía”, una de las producciones que engalanan la edición 41 del Festival de Teatro del Ateneo Puertorriqueño. Este año el festival está dedicado a la Primera Actriz Raquel Montero y al Productor Teatral Florentino Rodríguez en Homenaje y Entrega de la Medalla Fundador al Primer Actor Ernesto Concepción quien fue Fundador de los Festivales de Teatro del Ateneo. Impresionante fue ver la fila de asistentes al espectáculo, me sentí sumamente orgulloso y emocionado de ver cómo esperábamos ordenadamente y pacíficamente durante  hora y media, con amenaza de lluvia,  un nutrido grupo de personas que cubrían manzana y media, para ver una pieza de tres actos que duraba tres horas y que empezaba a las 8:30pm. Más impresionante fue compartir y disfrutar con ese público el magnífico montaje logrado por Ramos Perea. Así fue como descubrí el porqué de la enorme fila/cola, todos seguramente sabían de la calidad artística que los esperaba adentro.

Laura mía Historia de un poema y una contradicción es la más reciente pieza de Roberto Ramos Perea. Es un drama neo-romántico sobre la vida íntima y política del poeta puertorriqueño José de Diego y Martínez (1866-1918). Ramos Perea, con mucho atino y convicción, desnuda, en cuerpo y alma, uno de los próceres ilustres puertorriqueños, que fue poeta, periodista, ensayista, político y abogado. Girando en torno a uno de los poemas más conocidos de “El León Americano” como se le conocía a de Diego, “A Laura”, Ramos Perea con mucha fuerza dramática y un delicioso ritmo escénico, no solo nos muestra la vida y obra de su héroe sino la realidad cultural y socio-política del pueblo puertorriqueño que no ha variado desde entonces. Nuestra actualidad no está distante de la del siglo del “Caballero de la raza” como también se le conocía a de Diego, considerado por muchos historiadores como “Padre del Movimiento Independentista Puertorriqueño”. En “A Laura” una Elegía, este bardo boricua, plasmó la historia o des-historia, de su amor y desamor por Carmita Echavarría, el gran amor de su vida, que fue truncado por conflictos políticos-familiares y que nunca su alma abandonó a pesar de la vida promiscua que llevó hasta sus últimos días.

Con un impresionante y talentoso elenco de  32 participantes que interpretaron 35 personajes compuestos por estudiantes y profesionales, Ramos Perea llevó a feliz puerto  su maravillosa puesta en escena. Compartieron un mismo espacio escénico, a nivel profesional, miembros de la Compañía Nacional de Teatro del Ateneo Puertorriqueño con miembros del Taller Superior Actuación, Taller de Actuación Avanzada y Taller Básico de Actuación sin dejar afuera un miembro de la facultad del Conservatorio de Arte Dramático del Ateneo, Sr. Edgar Quiles Ferrer, que interpretó a Don Ernesto y al Gobernador Macías con mucha postura escénica.

De la compañía Nacional de Teatro del Ateneo Puertorriqueño; pude disfrutar de la total entrega de Nelson Alvarado, que se mantuvo en escena toda la producción y en ningún momento descuidó su interpretación, logró grandes matices interpretativos, entregándonos un José de Diego, humano y palpable, su encuentro final con la protagonista, hasta lágrimas nos sacó. Alvarado, junto a Ana María Marrero Sicardo y Carmen González, también fue responsable del vestuario que cumplió cabalmente con la función de la obra. Jaisy González con mucho donaire nos entrega una Lola Echavarría tan intensa que no sabemos si odiarla o compadecerla, ya que es prácticamente la causante de la desdicha de los protagonistas, sus movimientos y miradas muy bien coordinados con sus parlamentos. Gina Figueroa Hamilton, interpreta La catalana morisca, un personaje que bien pudiera pasarse por alto tomó tal  grandeza que si la dejaban robaría escena, porque ella con gracia y mucho tacto hace unos vaivenes eróticos-artísticos capaces de ser envidiados por “La maja desnuda” de Goya.  Melissa Reyes, Sonia M. Rodríguez y Jesús Aguad cumplen con la intención de sus personajes. Aguad es responsable también de la iluminación, logrando claroscuros bien definidores en la trama.

Del Taller Superior de Actuación muy convincentes  las actuaciones de Javier Rivera Pastrana como Luis Muñoz Rivera, Rubén Rodríguez Ortiz como Luis O’neill Milián e Israel Solla como Tomás Bonilla. Caroline Vanessa Alicea impregnó con un carisma sin igual  a Georgina Blanes, con elegante porte y parlamentos de sonara y convincente dicción dejo escapar la parte humana/humanitaria de este personaje dándole una visión casi poética. Christian Ruiz impartió mucha personalidad como Ricardo Caterineux. Astrid Ayala, aunque el color del cabello nos sacaba un poco de la ambientación, interpretó con fuerza y soltura a Vicenta (Esclava), muy bien logradas las escenas de violencia entre ella y Nelson Alvarado. Mención aparte para la extraordinaria labor de Yashay M. Pérez Román que dio vida con frenesí a Carmita Echavarría. Pérez Roman juega con los estados de ánimo de Carmita sutilmente, con mucho cuidado nos vende magistralmente su inocencia, ternura, pasión, y locura. Las escenas de su casamiento simbólico con José de Diego y su verdadero casamiento con Alfredo Koppish fueron dos momentos donde solo con el semblante nos dejaba saber la emoción y fuertemente nos la trasladaba, emoción que culmina en su escena final de la propuesta, donde desemboca todo su histrionismo. Cabe mencionar que toda la coreografía en el cuadro donde Ramos Perea escenifica la boda de Alfredo y Carmita, que en realidad es la Laura del poema, así como su escena final con José de Diego en el manicomio, son dos cuadros de destacado relieve escénico.

Del Taller de Actuación Avanzada Carlos Mercado con gran soltura nos entrega con aires casi de bufón a Aquilino Fernández, disfrutamos su presencia. María Ysabel Cruz como Camelia Hernández, Margie Mulero como Tía de Carmita, Janisse Hernández como la Monja, Elisamaris Falcón Nieves como Adela y Nitziel Díaz Báez como Dora dieron lucidez e impartieron realismo en su momento escénico. Interpretando  a Herminio Díaz Navarro, José Chema Urrutia da muestra de lo que es mantener la continuidad de un personaje ya que mantiene gran concentración en una depurada actuación orgánica. Estamos seguros que Urrutia pronto pasará a ser miembro permanente de la Compañía Nacional de Teatro del Ateneo Puertorriqueño.

Del Taller Básico de Actuación nos llamó mucho la atención la interpretación de Chanis Mercado como la secretaria, muy en papel, la intensidad y presencia de Javier Omar Ortiz Castro como Alfredo Koppisch, y la frescura interpretativa de Daniel del Valle Báez como José “Pepe” Machiavelo. Ernesto Araya impone sin pretensiones y con mucha honestidad sus tres interpretaciones; Dr. Figueroa, Sacerdote y Secretario. Por su parte Rubén Rosario Ortega, Marian Delis Rivera Ortiz, Lityaret Hernández Resto, Janice Soto Rosa, Samary García Padua, Edmary Camacho, y Yaria Liz Hernández, desfilan por el escenario con mucha propiedad  dejándonos con ganas de verlos lucir y brillar más.

La música original de Hugo Sebastián y los sonidos a cargo de Pepe Grillo, ambientaron muy bien las escenas cumbres guiándonos  hacia los estados emotivos de la muy hilvanada trama. El maquillaje y peinados a cargo de  Jersey Grotowski muy a tono no solo con la época sino también con el ritmo de las escenas. En definitiva fue un verdadero acierto el incluir esta producción de la Compañía Nacional de Teatro y el Conservatorio de Arte Dramático en el Festival de Teatro del Ateneo Puertorriqueño. ¡Felicidades!

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