San Salvador después del eclipse, teatro al natural.

 

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“San Salvador después del eclipse” presentada por United Productions, Co. Inc., en el marco del V Festival de Teatro Hispano del Comisionado, sala de teatro Rafael Villalona del Comisionado Dominicano de Cultura en los Estados Unidos.

Llámenlo resultado de Stanislavsky, Meisner, Sonia Moore o como quieran llamarlo, pero el elenco de “San Salvador después del eclipse”, compuesto por Natalia Ivana Escobar, Jorge Luis Figueroa Torres, Franco Yáñez y Aileene Pérez, ofreció la actuación más natural que he visto en los últimos diez años. Si bien es cierto que en otras producciones siempre hay alguien “Natural” y hasta varios que siguen “el método”, le debemos a Ricardo J. Salazar, en su primera dirección para su compañía, United Productions Co. Inc., que lo “natural” fuera colectivo en su puesta en escena. Salazar logró que los actores hicieran de sus personajes seres humanos y los manejó como tales, el montaje, donde abundaban las escenas en una mesa, que tan difícil son de dominar y que no resulten aburridas, en esta puesta de escena fueron todo un festín de histrionismo. No se atreva nadie a decirme que la naturalidad lograda en esta producción se debió al tema de la pieza; “La emigración forzada” porque éste explotado, y ya trillado, tema se ha presentado por décadas en el teatro hispano de Nueva York y nunca se había sentido tan real y palpable. Tanto el elenco como la dirección demostraron que el “método” funciona cuando está en buenas manos y Salazar llevó muy en alto esa batuta. El libreto, muy bien desarrollado, original del actor, director y dramaturgo salvadoreño, Carlos Velis, nombrado “Maestre de la Dramaturgía” durante los Juegos Florales Hispanoamericanos celebrados en Guatemala en el 2004, explora el regreso de los que emigraron de San Salvador al terminar el conflicto entre el ejército y la guerrilla que duró desde el 1979 al 1992, dejando un saldo de unos setenta mil muertos. Con ese regreso el autor nos plantea de manera sagaz el conflicto de aculturación que tanto han sufrido los que se fueron como los que se quedaron llevando a un nivel de “universalidad” el tema y dándole matices nuevos que nos identifican con los personajes tan bien delineados por él y tan maravillosamente interpretados por el elenco. La escenografía de Liliana Barrera, muy efectiva, Barrera, como nos tiene acostumbrados, cuidó el mas mínimo detalle para recrearnos el ambiente criollo de una casa/fonda salvadoreña. El sonido, luz y multimedia a cargo de Jessica Moya muy acorde con la puesta en escena. El vestuario, bajo la supervisión de América Barrera muy propio y complementó el realismo de la presentación. La labor del resto del equipo de producción, compuesto por Larissa Santiago (Asistente de dirección), Cristhian Martínez (Regidor de escena), Gustavo Romero (Asistente de producción) y Óscar Zamora (Asistente de escenografía y luz) no puede pasarse por alto ya que desde el comienzo de la pieza percibimos el cuidado que había recibido la producción por ellos. ¡Bravo a todo el equipo técnico y artístico!

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