“Unos cuantos piquetitos” excelente propuesta

(J Edgar Mozoub, César Augusto Cova, Héctor Luis Rivera, Gemma Ibarra, Jason)

A pesar del fuerte e intenso contenido sico-social que plantea “Unos cuantos piquetitos” de Laila Ripoll, explorando la violencia machista, la propuesta escénica protagonizada por el destacado actor venezolano César Augusto Cova y la actriz española, una de las extraordinarias revelaciones este año en esta ciudad, en la que solo lleva seis meses, Gemma Ibarra, quien además es responsable del montaje, es un delicioso y bien elaborado tapiz escénico del abuso verbal y físico al género femenino. El manejo artístico-estético logrado por Ibarra, mientras nos enamora con mucha sutileza desde el punto visual, nos sacude y hace estremecer en el aspecto emocional cumpliendo con la meta del verbo de hacernos concientizar el problema, dejándonos ver que puede haber arte manifestando el dolor, ¿no fue ese el objetivo de Frida Kahlo cuanto pintó el cuadro que lleva el título de la obra y el cual fue la inspiración de Ripoll para su propuesta teatral?  Ripoll hace un magnífico esbozo del “patriarcado” que como sistema totalitario, carece hasta de comunicación en el matrimonio, y para que nosotros lo “palpemos”, la pareja a penas tiene ligeros diálogos y el grueso de la historia es planteado a través de monólogos, muy bien elaborados y maravillosamente interpretados por los protagonistas que dejan el alma en la plataforma. Gemma Ibarra y César Augusto Cova, logran magistralmente plantear los dos polos de la relación con fuerza y gran desarrollo histriónico que nos envuelve y nos hacen partícipes en su catarsis. Ibarra, en su total entrega, nos hace llorar, nos hace reír, nos lleva a entender y comprender a nuestras madres, hermanas, primas, amigas. Cova nos hace sentir culpables por el malsano poder que le hemos dado al género en complicidad con los medios de comunicación, el arte, la música, los deportes, la cultura en general. La pieza, que bien podría manejarse como arma feminista, en la bien estilizada versión de Ibarra más que feminista la hace “humanista”, es relación de vivencia entre humanos no entre género. A simple vista percibimos que Gemma Ibarra cuidó meticulosamente el tapiz al que nos exponía donde nada falta ni nada sobra, con detalles sencillos, sutiles y muy eficaces como el de un ramo de flores recibido que luego de ser centro de mesa pasa a ser distribuido en lo que podríamos considerar un jardín donde ella trata de protegerse no abriendo la puerta a su marido. Hasta la presencia de dos marcos vacíos en el centro de la pared del fondo juegan un papel importante, no hay cuadro porque la pintura te la estoy ofreciendo en versión 3D, hay dos cuadros vacíos porque nadie quiere ver esta realidad, ni la de ella ni la de él. Esa primera escena intensa donde el hombre, bien iluminado, está amarrado y ella, con poca o nada de  luz, como una sombra, como una conciencia torturándolo, fue uno de los aspectos técnicos sobresalientes. A pesar que las escenas de abuso físico nos estremecen y conmueven, su coreografía bien artísticamente elaborada con estilo, ritmo y mucho garbo, es una de las cartas de triunfo de esta joven directora. La selección musical a cargo de Jason al piano y el diseño y ejecución de luces a cargo de J Edgar Mozoub muy eficientes y parte esencial para el fluir de la narrativa escénica. Felicidades al Grupo Teátrica, Alex Vázquez Escaño, productor, por traer esta excelente producción a Teatro Círculo.  

(Alex Vázquez Escaño, César Augusto Cova, Héctor Luis Rivera, Gemma Ibarra, Jason)

Please like & share:

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.