La lectora de H.P. Lovecraft y yo

November 11, 2025 0 By admin
Kathy Tejada – Dilenia Rodríguez

La Lectora de HP Lovecraft y Yo

Una revisión escrita por Dilenia Rodriguez (Dileniation.com)

La obra dramática escrita por el director y escritor de teatro Carlos Canales: “La Lectora” fue presentada durante el Frenzy Festival — Obras de teatro en un acto, en el Barrio ArtSpace en Manhattan, el 26 de octubre del 2025. El personaje de la lectora interpretado por la actriz Kathy Tejada representa a una profesional de las artes con conflictos mentales y una trayectoria muy similar a la mía. Como espectadora me dio escalofríos escuchar la historia que le contaba la lectora al psiquiatra en la sesión de terapia. 

         Un espectáculo de una sola mujer, Kathy Tejada, le da vida al trastorno que padece una lectora en su obsesión con los autores: H.P Lovecraft y Edgar Allan Poe. Autores de literatura Americana conocidos por su estilo literario oscuro y morboso. En el transcurso de la obra, la lectora revela los detalles de su vida, cómo llegó a ese trastorno mental y su escala hacia la locura.

Yo fui a ver la obra por recomendación de Carlos Canales, a quien había conocido unas semanas antes en la feria del libro Hispano/Latino de la ciudad de Nueva York. Cuando Carlos me comentó: Que la obra se trataba de una mujer que se obsesionaba con los cuentos de H.P Lovecraft, me interesó mucho — porque en mis tiempos universitarios, yo llegué a vivir en una de las casas de H.P Lovecraft, en Angell Street en Providence, Rhode Island. No se lo conté ese día porque no sabía si sería importante, según yo, era una coincidencia interesante. Pero ¿Quién sabe si importa? Digo yo.

Bueno, el día de la obra me dio una sorpresa que me puso la piel de gallina. Cuando entra el personaje y toma su silla, empieza hablar como si nosotros (el público) fuéramos el psiquiatra. De inmediato me llamó la atención, cuando dice que su padre era abogado. Fue la coincidencia más pequeña, yo estoy en el proceso, estudiando leyes. Ese pequeño detalle me llamó la atención inicialmente. Pero cuando ella sigue contando de su vida, que ella atendió a la universidad Rhode Island School of Design: Ahí casi me paro y voy y le pregunto a Carlos mismo “¿La obra es sobre mi vida?” 

Yo estudié Cine, Animación y Video en la Universidad Rhode Island School of Design en Providence, Rhode Island. Cuando la mujer continúa con su relato, menciona detalles sobre la ciudad. Me lleva a visualizar momentos que yo había vivido en Providence, con las bibliotecas, las casas viejas y el museo de la escuela: Al igual que ella, yo visitaba el museo frecuentemente. Interesada con el arte y la literatura. Yo también sentí esos momentos oscuros en el college hill, una parte de la ciudad inundada de historias Americanas, fantasmas del pasado y cuentos morbosos. Como le digo que cuando yo vivía allá, los murciélagos se metían a la casa en las noches de otoño. Que se escuchaban gritos desde el sótano y nadie lo podía explicar. Cuando vivía allá, se decía que HP Lovecraft escribía como lo hacía, sobre la oscuridad y los monstruos que se aparecen, por la historia que embruja a la ciudad de Providence. Providence, tiene una historia terrorífica de los tiempos coloniales: Cuando traficaban gente esclavizada y vendían seres humanos en el Market Square. También me imagino que en los tiempos de la caza de las brujas, esas mujeres que fueron quemadas y ahorcadas, dejaron su energía y hechizaron la ciudad con su opresión. 

Ya con eso al principio de la historia me asusté.  ¿Cómo es que este personaje empezó casi igual que yo?  Bueno, la parte del cuento que no cuadra conmigo es que ella era de alta clase y más fina que yo. Pero si cuadra con la clase de estudiantes que se matriculan en esa universidad: Hijos de doctores, abogados, gente rica y con recursos. Yo he conocido otros Puertorriqueños y Dominicanos allá, lo que me sorprende, porque sus padres los mandan a estudiar diseño y arte: Yo no sabía que en nuestras comunidades había ese tipo de fines de lucro. Yo llegué a la universidad, por otro lado, fui becada después de demostrar excelencia en las artes. Pero esa actitud que ella tenía cuando contaba de su experiencia con la escuela Ivy league, fue muy familiar.

Después la lectora cuenta que se mudó a Nueva York, a trabajar una carrera lucrativa en diseño en Nueva York. Sí que me dio miedo. Ella cuenta sobre su experiencia en Nueva York, visitando museos y galerías de arte, dándose los grandes gustos que ofrece la ciudad. No fue mi experiencia directamente: Si llegue a trabajar en diseño y arte en Nueva York, pero con una trayectoria más humilde digamos. Aunque es lo que observó cuando veo a mis compañeros de escuela que se mudan a la ciudad. A mi personalmente, nunca me gustó Jackson Pollock, lo encontré muy maniaco en sus obras. Cuando aprendí, que si observas sus cuadros cercanamente con una lupa, puedes ver cabellos, moscas, pedazos de mugre pegado en el canvas: No me encanto Pollock ni la historia de su vida y cómo llegó a la fama. Pero si tuve que trabajar en eso y alabar las obras de los artistas famosos, al igual que la lectora. 

Luego me llamó la atención que ella regresó a Puerto Rico, y sus observaciones fueron igual a la mía, con eso de la gentrificación: Como se nota el cambio en la isla. Hay más sobre la obra que me pareció muy similar a mi. Pero yo no soy tan fanática de HP Lovecraft, su literatura no me interesa tanto. Pero de Edgar Allán Poe sí, igual que la Lectora yo también me obsesioné con “El Cuervo” (The Raven). Copiaba el cuento en mis cuadernos cuando estudiaba, para memorizarlo. Me gustó que la Lectora y yo somos puro drama con la literatura.

En toda esa similitud llegué a entender el personaje de la lectora en su trascendencia a la locura, con su obsesión en la oscuridad y la literatura morbosa. Yo también he llegado a perder la mente en la obsesión con el arte y la literatura. Puede que esto sea parte de la tragedia de ser artista: mortificarse con el arte. Aunque yo me obsesione más con el arte que yo misma produzco, entiendo bien como los artistas consumen el arte de otros mundos. Como la lectora se involucra en los cuentos de escritores intensos como HP Lovecraft y Edgar Allan Poe. La Caída de la Casa De Los Usher (The Fall of the house of Usher) es un cuento trastornante que se queda en la mente, que revela una inquietud que te enreda en lo morboso. Leerlo un par de veces: ¿A solas? A cualquiera lo saca de quicio.

Mientras el personaje de la Lectora se enreda en la literatura de esos tiempos y su mente cae con su cuento, casi caigo yo: ¿Esta obra es sobre mi vida? Fue incómodo tomar la parte del terapeuta, escuchando el desahogo de esa mujer. Me preguntaba: ¿Cuál será el diagnóstico del psiquiatra? ¿Cómo terminará ella? Hay veces que uno no entiende cómo es que a la gente se le va la mente, así como sin empatía. Pero en esta realización, la obra “La Lectora” te lleva en la ruta con ella, como observador. Como si tú tuvieras las respuestas para aliviar su desahogo. 

Lo difícil es reflexionar sobre el estado mental del personaje, tal vez porque eso es lo que me llega más cerca y lo que menos se entiende. Ser artista es como una obsesión si, hay veces que la virtud se te escapa de las riendas. Si haces cuadros te quedas paralizado buscando la luz en la pintura. Si eres cineasta, como yo, te trastornas con un guión por años — a que no sabes dónde termina el cuento y dónde empiezas tú. Si, eso da miedo.  A veces se te va la mente con una nueva obra, como compulsión. En esas partes, La lectora y yo somos lo mismo, artistas obsesionadas. La diferencia es que yo no he tenido los recursos para perder la mente de esa manera. Creo que eso tiene que ver más con su clase social que con otra cosa. Hay artistas que sí tienen el espacio y el tiempo para volverse locos con el arte que les apasiona. Yo todavía no, siempre he tenido que regresar al mundo para trabajar duro. Solo de vez en cuando navego en lo profundo del arte que me apasiona. El arte que yo produzco es otra cosa, ahí se me va la mente más seguido.

Al final fueron muchas las coincidencias entre la lectora y yo, se lo tuve que contar a Carlos y a Kathy. Es una obra minimalista pero cautivante, que mantiene su intensidad hasta el momento donde tiene que estallar. La actuación de Kathy es calculada, puntualiza con sus expresiones, invitando al público a que analicen su cara. El conjunto de pausas le da tiempo al público para que procesen el momento y lo que te cuenta la lectora. Es raro encontrarse en una obra de una sola mujer que está perdiendo el control sobre su mente, pero ahí estuve y me sentí en vista. 

H.P. Lovecraft