Entre lo breve y lo histórico: ‘Mujeres Ilustres’ en marzo
April 9, 2026Entre lo breve y lo histórico: ‘Mujeres Ilustres’ en Marzo
Por: Alanis Manzano Mercado

Fotos: Alanis Manzano / @opticasensible
Durante el mes de marzo me di cita a un espacio que de manera mensual e ininterrumpida le abre sus puertas al microteatro en Puerto Rico: Teatro en 15, en el Viejo San Juan. Este proyecto propone una dinámica que garantiza una experiencia distinta en cada visita. Cada mes se presentan seis piezas en seis salas pequeñas diferentes, todas bajo una misma temática, en formato de microteatro. El público puede elegir ver desde todas las piezas o solo una, según
preferencia y/o disponibilidad, cuando se llena a capacidad. A partir de ahí, se organiza un recorrido por las salas a horas específicas y el resto queda en manos del azar.
Dado el auge que ha tenido Teatro en 15, no logré asistir a todas las piezas de la temporada. Aun así, pude disfrutar de cinco propuestas y en dos de ellas, apreciar su doble elenco. La primera sala que estuve visitando fue la sala 2, donde se presentó “El Último Compás: Una historia inconclusa” de Soraya Cabina, actuada por Yarimar Varona y José Armando Santos. La historia sitúa a la pianista puertorriqueña Ana Otero Hernández en una casa antigua en el Viejo San Juan, donde rememora fragmentos de su vida. En ese intento de revivir(se), Ana se enfrenta a los vacíos que habitan en su propia biografía, se auto narra desde un espacio que no puede abandonar. Este tránsito ocurre en compañía de su padre y mentor: Ignacio Otero, quien la impulsa a honrar y recordar su historia y a confrontar aquello que permanece del otro lado.

Desde una estética espacial que percibe lo olvidado, fragmentado y fantasmal, es la música del piano, la conexión enraizada en amor de padre e hija (lograda a través de las actuaciones), momentos de luz, coreografía y el uso de elementos simbólicos que se tornan en aquel lenguaje desde el cual Ana intenta completarse, aun cuando lo inconcluso persiste. El texto solo es un pretexto para iniciar la búsqueda. Fue un montaje rico en imágenes vivas donde cada estampa recompone lo que la memoria a veces no logra sostener por sí sola. La dramaturgia, dirección, producción y diseño de luces y escenografía fue labor de Sora Cabina, asesorada en la construcción por Skylar Agosto. La regiduría estuvo a cargo deSteven E. Velez Bonet, quien tuvo excelente ejecución. La coreografía fue montada por Glory, el diseño de musicalización (elemento infalible en esta pieza), fue creada por Hiram J. Molina Cruz y el diseño gráfico para promoción por María Alejandra.

Nos movimos a la sala 5, pero nos quedamos en el siglo XIX con “Lolísima” de Anamín Santiago, para repasar la vida de Lola Rodriguez de Tió, quien luchó por la libertad e independencia de Puerto Rico a través de sus letras y a pesar de las duras penas que también le atravesaron. La pieza se sostuvo desde un dinamismo escénico que articulaba destreza física y oral con un elenco compuesto por Anamin Santiago como Lola (también escritora, productora y directora de la pieza), Javier Pastrana, Maria Roman y Etienne Hernandez; apoyándose en elementos de utilería de potencia significativa. La regiduria estuvo a cargo de Luis M. Mendoza Morales. El resultado fue un ejemplo sólido de teatro documental, desde la brevedad del formato se teatralizan momentos cruciales en la vida de Lola, permitiendo incluso el sarcasmo y humor que también habitó y humanizó a esta figura históricamente excelsa. Lejos de la victimización pero transparente en lo lacerante de la injusticia, la pieza presentó a una mujer que no se dejó someter. Fue insistente, combativa, virtuosa en letras y autora de un himno revolucionario que aún provoca reacciones cuando se canta.

Pasamos a la sala 6: “Mi Cena con Luis Capetillo”, un texto y dirección de Antonio Asencio y producción de Hania Sanchez Corujo con Arte Apoteósico. Esta propone desde un imaginario histórico, un encuentro y reúne en una misma mesa a Luisa Capetillo (Raquel Vazquez), Mercedes Solá (Cecilia Arguelles), Ana Roqué de Duprey (Georgina Borri), Isabel Andreu de Aguilar (Adrianna Luvet), Nemesio Canales (Hector David Ortíz) y Arcadio (Chistopher Cedeño) para debatir cosmovisiones políticas a través del diálogo.
Esta obra nace como cortometraje y es llevada al lenguaje teatral, lo cual se evidencia en ambientación y actuaciones sólidas, con un cuidado característico en los valores de producción: Jennifer Marine en peluquería y maquillaje, Desireé Cruz Fidalgo en vestuario, Gardo Martinez Roman en diseño de afiche y Patria Ayala en diseño de arte.

En escena, la propuesta privilegia el diálogo como eje central, justificado por una puesta en mesa que organiza las interacciones de los personajes desde la palabra y conversación prolongada. En varios momentos la experiencia del espectador se sitúa más en la escucha sostenida por el predominio del diálogo que genera un ritmo escénico basado en la palabra y que orienta al espectador hacia lo discursivo más que a la acción física. Reiterando que la pieza nace como filme, me florece apreciarla como un ejercicio de cruce histórico desde la experiencia viva que ofrece el teatro con área de oportunidad en desarrollar la teatralidad. Sin embargo, no cesa de ser una premisa ingeniosa en aras de seguir elevándose, pues cuenta con excelentes recursos actorales y de producción.

Culminamos la primera visita a Teatro en 15 viajando entre tiempos y versos desde una sola mujer que se afirma: “De nadie, solo mía”, un texto de Viviana Torres-Mesteycompuesto por fragmentos de poetisas y mujeres ilustres puertorriqueñas como Clara Lair, Lolita Lebrón, Concha Meléndez, Julia de Burgos, Lola Rodríguez de Tió, Alejandrina Benitez de Gautier, María Bibiana Benítez, Luisa Capetillo y Ana Roqué de Duprey. El mismo coloca a unamujer en el centro de su memoria violentada y es contemplándose en el espejo poético que se permite renacer, reescribiendo su historia. La dirección de Thaís M. González-Peña propone una mirada autónoma que toma cuerpo y atraviesa los versos. Su montaje se despliega como escritura calibrada en sus actrices que hilvanan imágenes dando paso a un proceso de autosanación tan espiralado como la vida misma.
Tuve la oportunidad de apreciar a sus dos actrices en distintos fines de semana: Caroline Vanessa Alicea en el segundo y Viviana Torres-Mestey en el último. Caroline sostuvo y condensó la intensidad física con preciada profundidad y un hermoso manejo del verso. Viviana desplegó virtuosismo físico que traducía cada ruta de la historia en el movimiento. Ambas fueron llevadas de la precisión en regiduría de Kiara Santana, quien también asistió la dirección. En este proyecto también las acompañó Sonia Ilemar como coordinadora de producción, Krystal Amill en escenografía y ambientación, Giomar Cruz en vestuario y Thaiz Maceira en producción de arte promocional y divulgación en redes. Cada una desde sus destrezas levantaron un montaje que destacó en sensibilidad escénica por su forma de articular la poesía en un testimonio que se transforma y reconstruye.

Regresé el último fin de semana con la tarea de asistir a dos piezas que no alcancé ver durante mi primera visita y de todos modos no logré ver una de ellas: “La Maestra del Pueblo”, de Tamara Ortiz dirigida por Edgardo Delgado. Su sinopsis plantea: “En el corazón de una sociedad marcada por el machismo, racismo y clasismo, Celestina Cordero se alza como una voz incómoda y valiente. Mientras el poder decide quién merece aprender y quien no, ella desafía al Cabildo de San Juan con un acto profundamente revolucionario: enseñar.” Se presentaron en la sala 3.
Culminando mi experiencia de este mes dedicado a mujeres ilustres, llegamos a la sala 4 con “Agujas y Leyes”, un texto escrito y dirigido por Doel Ramírez, producido por Leonel Ocasio Serrano y regido/intervenido por Denisse Casiano. Se basa en la vida de María Luisa Arcelay y las normas que desafió en su época para abrirse paso tanto en el mundo empresarial como en el político. Interpretado con temple y fuerza, Vivian Casañas Cruzevoca a Arcelay como empresaria de la costura y como la primera legisladora puertorriqueña. En su historia se acentúa el impulso vital que labra su figura, el gesto constante de dignificar la vida de otros desde cada espacio que logró ocupar, aun en contextos de tensión e injusticia social marcados por la guerra.
Agujas y Leyes contó con un efectivo y excelente equipo de producción: Skylar Agosto elaboró un diseño de escenografía memorable, digno de quedarse como instalación un ratito más. Andrea Soto con su diseño de iluminación pintó las escenas traduciendo el momentum que Vivian/Arcelay rememoraba. El diseño de afiche y material publicitario fue realizado por Gabriel Rubiñán Ortiz. Lo que más permanece en mi memoria para apreciar es la manera en que la historia está escrita, con un entramado de simbolismos y datos historiográficos que se hacen presentes en una actuación histriónica. La pieza fue seleccionada como favorita del público y aseguro que hizo historia en sí misma.

En conjunto, vivir las piezas desde la contemplación me provocó insertarme preguntas y las comparto: ¿Cómo me nombro? ¿Cómo me auto-narro y permito que me nombren y simbolicen? Desde dónde proyecto la historia que me compone? ¿Cómo me muevo en la escena y en la vida que habito a sabiendas que voy rumbo a ser un posible recuerdo? …
Les invito a que hagan su recorrido este próximo mes de abril bajo tema libre a Teatro en 15 y vivan la experiencia por ustedes mismos. Les recomiendo llegar temprano y no perderse ninguna.


