Eyerí Cruz Otero y su pretexto “pícaro” sobre la escena
March 7, 2026
Fotos: Alanis Manzano / @opticasensible
“Nubarrón Pícaro” de Eyerí Cruz Otero: Ritmo y plasticidad en un universo surreal para evocar a los muertos
Por: Alanis Manzano-Mercado
Nos dimos cita al Taller-Teatro del colectivo “Y no había luz” en Santurce, Puerto Rico, para ver la propuesta de Eyerí Cruz Otero siendo sostenida en co producción por Yari Helfeld de la entidad creativa y comunitaria “Arte y Maña”. Desde la llegada fuimos bien recibidos y al momento de abrir puertas ya la experiencia estaba desenvolviéndose con un trato cálido de bienvenida, dando así un espacio de saludo entre los presentes para transicionar a la primera llamada seguida por la mediación de la actriz y bailarina Astrid Ayala. Astrid establece la atmósfera danzando con uno de los objetos ya establecidos sobre el escenario: un tiesto con la ilustración de una planta de la cual desintegra un turbante que danza con la hondura de sus movimientos hasta abrazar su cabello. La segunda llamada, ya con espectadores reactivos a cualquier sorpresa, es intervenida por el artista documental Pedro Iván Bonilla, que penetra el lado del público ofreciendo chicle en una bandeja y te da a escoger: con el cuchillo o el palito?
Luego del entremés, ocurre la tercera y última llamada y esta se construye desde una teatralidad lumínica: un recorrido entre luz y sombra revela la presencia de Millo Canetti, cuya búsqueda en la penumbra nos invita a ser parte de un lugar sugerentemente subterráneo que ya estaba habitado.

Los cuerpos siguen llenando el espacio interactuando entre ellos y también entre textiles, elementos de vestuario que utilizaron más adelante para desdoblarse en identidad clownesca, objetos cotidianos y pisadas con intención rítmica sobre las tablas inician el ritual para recordar. Nos construyeron el universo en la cara casi al ritmo de un vals. Este elenco lo componen Eyerí Cruz Otero (quien también escribió y dirigió la puesta), Astrid Ayala, Nami Helfeld, Millo Canetti, Noel Ernesto, Pedro Iván Bonilla y Siul Valentín.



Siul Valentín nos regaló momentos muy honestos desde la musicalidad del violín hasta su caracterización cargada de humildad humana. Millo Canetti responde al estímulo musical con canciones y acentos rítmicos corporales invitando a sus compañeros a habitarlos con él. Debo destacar también que su trabajo desde su entrada hasta su saludo, solo iba en escala; tiene una noción de cuerpo-territorio y noción de escenario admirable. Noel Ernesto estuvo en su salsa, construyó un Pierrot vulnerable, tierno, atento a cada estímulo y respondiendo coherente al abanico de posibilidades que la escena requería. Pedro Iván fue todo un anfitrión, como que nos tenía comiendo de su bandeja. Tenía el cartucho lleno y no de balas, fue firme en su ejecución actoral cuando se acercaba al público y tierno cuando tenía que entrar en relación con otros cuerpos, sus intervenciones no dejaban de ser interesantes y puntuales. Pedro Iván también estuvo a cargo de la fotografía y edición de los audiovisuales, en colaboración con Millo que conceptualizó y Eyerí que propuso el recurso. Astrid Ayala nos presentó un trabajo profundamente sentido y simbólico, coherente con la estética sugerida de la pieza. Su actuación se nutre de una gestualidad precisa que dialoga con su talento para la danza, permitendo que brote un humanismo palpable sin abandonar la solidez de su calidad actoral. Eyerí Cruz Otero conoce su texto, su inquietud, sus recursos humanos y de qué va hablarle a un público. Ocupar un escenario de un tema tan anclado en inquietudes causa pavor y todas las sensaciones nos arropan, es un acto vulnerable y existencial. No hay capas de maquillaje, objetos, ni luminaria que oculte lo que nos provoca el horror y mucho menos cuando la intención no parte de ocultar. Su participación sobre el escenario fue auténtica, y toda su labor: generosamente espléndida.

Nubarrón Pícaro continúa hasta el 8 de marzo de 2026 con posibilidad de extenderse, si las condiciones lo permiten. Es un intento de desempolvar la verdad y desnudarse políticamente; donde el colectivo carga el vehículo propio y de quién nos compone con la mirada para autonombrarnos sin tapujos ni paños tibios, aunque sí con empatía ante un sistema judicial necro político y sistema electoral corrupto.
Se le agradece al colectivo Y no había luz por poner su espacio y recursos artísticos, a Julio Morales por su diseño de luces, control lumínico y desarrollo de estética, ofrendando su ojo y manos que aportaron a la experiencia artesanalmente surreal. El equipo agradece a Carola Ausbury, José Robledo, Kairiana Nuñez Santaliz, Pelé Sánchez Tormes, Genesis, Milena Pérez Joglar, Wilmy López, Laura Blay Pellicier, Arístides Vargas, Charo Frances, Rosa Luisa Márquez, a Puerto Rico, la humanidad, demás entidades existenciales y, a quienes no nombraron también les dan las gracias… yo les doy las gracias a ell@s… porque, como una vez bien expresó Emilio “Millo” Canetti: “dar las gracias nunca es redundante”, atravesándome la consciencia. Hasta la próxima vuelta y nuestros mejores deseos.


