Jazz en casa de Marjorie Eliot / Parlor Jazz at Marjorie Eliot’s

JAZZ EN LA CASA DE MARJORIE ELIOT / PARLOR JAZZ AT MARJORIE ELIOT’S                                                                       Por Rόmulo Páez
                                                                                                                                                                                                                                                                                         A Mariel Escalante

   Marjorie Eliot es una legendaria pianista. En sus años de mocedad trabajό al lado de grandes intérpretes del Jazz. Pero un día, en uno de los  momentos de su vida decidiό alejarse de ese mundo atractivo, y dedicarse a su vida familiar. Sin embargo la música, el jazz y su espíritu sublime de artista, unido a su solidaridad social no la abandonaron. Por razones que no es preciso repetir aquí, Eliot así como en sus tiempos juveniles disfrutό de triunfos que le dieron alegría, también le llegό el momento de la tristeza, del dolor y… ؟Quién sabe? También de la desesperaciόn. Fue precisamente cuando se decidiό a utilizar su apartamento para ofrecer  sus conciertos como un homenaje a su gran dolor. Desde esa fecha 1992 Parlor Jazz at Morjorie Eliot’s,  “Jazz en la casa de Marjorie Eliot” se ha venido realizando cada domingo a partir de las 4 de la tarde, sin que haya sido suspendido una sola vez.

     Asistir al apartamento de Marjorie Eliot me permitiό revivir por unas cuatro horas lejanos recuerdos de cosas que oí y viví cuando junto a mis maestros de teatro asistí a sus casas a disfrutar de un merecido descanso después de los ensayos o del estreno de alguna obra, porque en esas reuniones el ambiente solía estar acompañado por el Jazz. ¡Qué de cosas se hablaban en esas reuniones! ¡Qué entrañables recuerdos! Amistades que se fueron u otras que por circunstancias ajenas a nuestro vivir se han alejado. Porque lo que se hablaba no era solo de teatro. Las conversaciones, los diálogos vibraban con humor, simpatía y sabiduría, como sucediό en las oportunidades en las que el tema fue la esclavitud y el proceso de las luchas por la libertad para los negros no solo en las colonias españolas sino en los Estados Unidos de Norte América aún después de la independencia. En esas reuniones fue donde aprendí a tener conciencia de la importancia de tener una ideología que nos permita comprender las injusticias sociales.

    Podría decir que el encanto de esa tarde comenzό a través del desplazamiento hacia el apartamento de Marjorie. Desde el comienzo de la invitaciόn se negaron a informarme a dόnde me llevarían. Cuando al final bajamos del autobús en el 555 de  Edgecombe Avenue en Harlem y me enfrentaron a la puerta del edificio que nos esperaba, una puerta amplia con el marco ovalado y pintada de un color que se asemejaba a gris o marrόn claro, la estoy viendo en este momento que escribo, a lo mejor no es gris ni marrόn; recuerdo que al entrar nos recibió en el amplio lobby, un caballero detrás de una mesa quien habría podido ser el vigilante, le dimos las buenas tardes, y nos dirigimos al ascensor. Tuve la sensaciόn de que las paredes del lobby mostraban un color que me pareciό entre verdes y amarillos claros acompañados de una luz amarilla tenue que le daba al lugar una atmosfera de semioscuridad, quizás se debiό a que estamos en otoño y el día se oscurece más temprano. Sentí la impresiόn de que estaba en épocas lejanas, no me pregunten por qué. Yo solo seguía a mi guía que por nada del mundo me daba pistas para que por lo menos imaginara a dόnde me llevaba. Al salir del ascensor nos encontramos con un pasillo bastante delgado y largo, al fondo distinguimos un papel escrito pegado en una de las puertas, en ese instante creo que oí, aquí es.

  Una señora mayor nos recibiό. Ya adentro a la izquierda vimos que salía a nuestro encuentro una dama, también una  anciana pero con movimientos ágiles y una amplia sonrisa a recibirnos. Después del abrazo de recibimiento y de los cumplidos mi guía me presentό a nuestra anfitriona, Marjorie Eliot. Ella con una amplia sonrisa me dio la bienvenida y nos invitό a sentarnos en la primera fila. Como no habían llegado muchos espectadores me permití observar la decoraciόn. La sala del apartamento está transformada en un auditorio. El escenario cubre, podríamos decir, más de un cuarto del tamaño de la sala, los otros tres cuartos están ocupados por las sillas, también parte del comedor está acondicionado con sillas, al igual, el pasillo que lleva a los cuartos alberga un sillόn largo en donde su pueden sentar los espectadores que llegan tarde y desde ahí apreciar el evento. En las paredes se exponen una variedad de informaciόn sobre actividades culturales, fotografías de leyendas del jazz,  anuncios sobre actividades culturales y sociales, musicales, etcétera. En el piso, en la parte que hemos llamado el escenario esperaban ordenadamente los instrumentos musicales, a la derecha el piano, seguido en posiciόn horizontal de derecha a izquierda por el woodwinds y las dos trompetas. Ellos esperaban por sus dueños y el público.

    El programa estuvo confeccionado en tres segmentos: el primero dedicado a la ejecuciόn de los instrumentos de viento interpretados en orden de apariciόn por Koichi Yoshihara, trompetista; Nick Mauro, trompetista y Sedric Shukroon tocando el Woodings; luego una lectura dramatizada a cargo de los actores Arthur French, Eric Coleman y Sedric Shukroon, y blues y cantos espirituales interpretados por Rudel Drears, todos estuvieron acompañados al piano por Eliot. En el último segmento de nuevo disfrutamos de las interpretaciones de Yoshihara, Mauro y Shukroon, esa vez acompañados al piano por Drears.  Posteriormente Drears le cediό de nuevo el piano a Eliot para que ella acompañara a Yoshihara quien en un momento fue interrumpido por sus compañeros tocando el cumpleaños.

    Desde que Yoshihara comenzό a interpretar sus blues y jazz seguido por  Mauro y Shukroon acompañados al piano por Eliot, mi imaginaciόn comenzό a viajar. Mi mente empezό a revivir recuerdos. Aquellas historias de los años veinte y treinta, que he conocido por videos, una que otra película, artículos periodístico o de revistas, oyendo hablar a gente conocedora del jazz,  los clubes amenizados por las orquestas mientras en la pista de baile las parejas se dejaban llevar por el ritmo electrizante del jazz y el blue. Llegué a ver aquellas calles y centros nocturnos de Chicago y Nueva York, Harlem que a pesar de la segregaciόn racial, eran atiborrados por los africa americanos amantes del jazz y seguidores de sus intérpretes favoritos. Recordé a Jhonny en El perseguidor de Cortazar,  Charly Parker en Bird de Clint Eastwood, Emmet  Sweet and Lowdown de Woody Allen; a mi mente se me vinieran aquellas caras alegres que danzaban y que he podido ver a través de cortos cinematográficos y videos.

    Luego al oír la narraciόn del texto dramático, los cantos espirituales y blues a mi imaginaciόn fluyeron los momentos histόricos y sociales por los que pasaron los ascendientes de los creadores del jazz. La soberbia con la que fueron tratados y llevados a la esclavitud. Sus sufrimientos al ser separadas madres, hijas, hijos y esposos al ser vendidos para esclavizarlos al servicio de los terratenientes: los hombres para la agricultura y las mujeres para el servicio doméstico, y en muchos casos para ser víctimas nocturnas del jefe de la familia o de sus hijos. Los vi cantando sus espirituales en las haciendas para comunicarse contraseñas para la fuga mientras con el machete cortaban el algodόn y otros productos agrícolas. Además vinieron a mi memoria su participaciόn como soldados en las guerras independentistas en la que se alistaron a pesar de ser discriminados. Su participaciόn en las guerras mundiales, y sus luchas por tener el derecho a ser tratados con igualdad de condiciones como ciudadanos en una sociedad democrática.

    Pero con la celebraciόn del cumpleaños a Yoshihara volví a la realidad y pude sentir las razones por las cuales Eliot se decidiό a presentar los domingos JAZZ EN LA CASA DE MARJORIE ELIOT. En primer caso como hemos dicho fue un homenaje a su dolor, pero además pensό que habían otras gentes que al igual que ella podrían estar pasando por momentos de infortunio, y que ella podría ofrecer su solidaridad a esas personas a través del jazz en su casa. Por eso la casa de Marjorie todos los domingos está abierta para ofrecer momentos de sosiego a los que celebran sus cumpleaños, aquellos que están por algún motivo necesitados de afecto, o doloridos por alguna causa. En la celebraciόn del cumpleaños de Yoshihara ella nos lo dijo. Su casa los domingos a las 4 de la tarde está abierta como un acto de sensibilidad, amistad y solidaridad.

La direcciόn de Marjorie Eliot es el 555 Edgecombe Avenue (at 160th Street), New York, NY.

R.P.C.                                                                                                                                                                  20/12/2019

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