Monge-Rafuls: el irrespeto al dramaturgo

UN MUNDO TEATRAL DE CABEZAS

Pedro Monge Rafuls

(Williams, García Lorca, Mamet, Brecht) 

New York es la capital teatral del mundo. Broadway, off Broadway y off off Broadway imponen estilos y formas en el resto de los Estados Unidos y de la tierra. Surgen grandes directores, actores y, sobre todo, dramaturgos, a quienes se traducen a infinidad de idiomas y se presentan alrededor del globo terráqueo. Por ejemplo, para mencionar unos pocos: Tennessee Williams, Eugene O’Neill, David Mamet, y Neil Simon, quien, con sus comedias en el cine y la televisión, es conocido en todos los ambientes teatrales del mundo. Montar una obra de uno de esos grandes es símbolo de lucimiento teatral, y sus nombres engrandecen al director, al grupo que los estrena y al público que va a verlos. Se hacen estudios sobre sus obras, se discute sus estilos y se les premia, además, se les paga por el derecho de poner sus obras. Algunos como O’Neill se ganan el Nobel de literatura. Decir Brecht o García Lorca, que no son estadounidenses, es hablar de todo un mundo teatral.

  En ese grandioso cosmos del teatro neoyorquino hay un submundo también de consideración: el teatro latinoyorkino, que se manifiesta en inglés o español. Por ciertos años hasta estuvo de moda el teatro en spanglish, que usa los dos idiomas al mismo tiempo. En este submundo teatral latino importante hay talleres de Actuación y de Maquillaje. Curiosamente, no hay escuelas para preparar a los directores, ni existen ya Talleres de Dramaturgia, donde enseñen a los interesados la técnica del teatro, como antaño fueron importantes el de INTAR, bajo la dirección de María Irene Fornés, quien tantos escritores de drama cultivó en inglés, igual que el del Puerto Rican Traveling Theatre. En español, OLLANTAY Center for the Arts traía importantes dramaturgos latinoamericanos a la ciudad para enseñar sus conocimientos a los aspirantes a escribir dramaturgia. De este taller salieron muchos de los dramaturgos latinos del New York actual. En este mundo teatral latinoyorkino existen distintos premios para reconocer la labor artística de los directores, actores, maquillistas, y sí, también de los dramaturgos.

  Todo luce bien, excepto que poco a poco se está propiciando una moda ofensiva, perjudicial para el crecimiento del teatro: el desconocimiento al DRAMATURGO, aquel personaje sin el cual no existe ni grupos, ni directores, ni actores, ni nada en el teatro.

La obra que se presenta surge cuando un hombre, o una mujer, reciben una imagen que los lleva a crear una obra, según sus percepciones, sus intereses por decir algo, y su estilo de escribir.

Últimamente a ese ente creador, que es quien marca las pautas, se le ha dado a algunos por desconocerlo POR COMPLETO. NO EXISTE. Ya es triste que al dueño de la obra no se le pague regularmente por usar su trabajo, ahora, para colmo, se le ignora. Lo echan a un lado.  

   La moda comenzó meses atrás cuando un grupo ignoró la obra de uno de los más importantes dramaturgos latinoamericanos, creador de piezas de primera calidad, ganador de infinidad de premios en su Perú natal, y en otros países. Se hicieron algunas protestas y el grupo rectificó. Como dice el refrán: “es de sabios rectificar”. Ahora, desde el 29 de mayo cuando comenzó, hasta el 22 de este mes de junio que transcurre, en el Comisionado Dominicano, que ha sido bastión del teatro latinoyorkino por años, están haciendo una muestra de teatro hispano, con invitados de otras ciudades y de República Dominicana, con alrededor de quince (15) obras sin autor. Por cierto, fue el espacio donde se presentó la obra de autor peruano sin nombre,. El aviso de la Muestra ofrece la información, con letras grandes, del grupo que presenta, de la obra y del director. El dramaturgo, sin embargo, repito, brilla por su ausencia. Vale decir que los actores también.

   Me gustaría conocer la reacción de los directores de los grupos, y de las obras, si les quitaran sus nombres, o quizás, hasta si los pusieran en letras pequeñas. En fin, mi presencia no importa, y mi ausencia ni se notará, pero yo no auspicio, de ninguna manera, a ningún grupo o persona, que faltando el respeto, no le dé crédito al iniciador del acto teatral. No habrá ni festivales, ni muestras, ni presentaciones particulares y/o independientes, de importancia y valor, si no hay respeto para quién escribió la obra. ¿Será por cosas como esas que somos tercer mundistas, incluso si vivimos en la capital del mundo?

Pedro Monge Rafuls

DRAMATURGO cubano-neoyorquino

15 de junio del 2019.

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