Ponencia de Pedro Monge Rafuls en Festival de Comedias TEBA

 

LA COMEDIA DEL TEATRO 

@ Pedro Monge Rafuls, 22 de Julio del 2019

La vida no es una comedia, es una tragedia. Desde el principio. Nuestra madre sufre para traernos al mundo, ahí mismo, nos dan una nalgada para que lloremos. Y de ahí continuamos viendo miserias: en las escuelas sufres para aprenderte lo que te enseñan; uno va a un restaurante y allí hay un niño que llora, más que llorar berrea porque no quiere comer algo; en un mall un niño grita por un juguete. Y así crecemos, llorando y llorando… Hasta cuando uno se gradúa o se casa, la gente llora. ¡La vida es un llanto, un sufrimiento, constante!

        Necesitamos reírnos. Reírnos y reírnos, y de esa necesidad de reírnos, nacieron los  comediantes, y por lo tanto: ¡La comedia!  La risa es la rival del llanto. Nos reímos por que uno se cae, y sobre todo si se cae una señora mayor, levantando las piernas, y dejando ver toda su humanidad. Nos reímos si alguien se cae en un lugar donde no debería caerse, como en un restaurante, por ejemplo. ¡La risa es un remedio infalible! Nos ayuda a desalojar malas vibraciones de nuestro cuerpo. Los médicos dicen que vivimos más si nos reímos mucho.

    En el teatro, la comedia es el estilo que enfatiza el humor.  La comedia se presenta de formas muy distintas: comedias románticas, comedias sociales, sainete, humor negro, y veinte estilos más, incluida la comedia escrita y llevada al escenario sin otro pretexto que ese, el de hacernos reír.

  Algunos artistas, algunos intelectuales serios, tienen prejuicios hacia la comedia. La ven como una manifestación artística menor. Piensan que el teatro debe ser únicamente para hacernos pensar, para meditar en las cosas importantes de la vida. ¡Pero, ojo!, si la comedia está bien escrita, si está bien montada en el escenario, la comedia nos hace reír, al mismo tiempo que nos hace pensar. Es importante tener en cuenta, que en la comedia se presenta la vida bajo su mirada cómica, por lo general a través de la ironía. Y como reacción a ese enfrentamiento de la ironía, nos reímos.

La comedia no es más que la mirada exagerada del comportamiento humano. En la comedia se presenta junto, como una sola cosa, lo triste y, al mismo tiempo, lo divertida que es la existencia. Si nos ponemos a cavilar, no podemos pensar en una situación humorística que nos haya sucedido en la que, de una forma u otra, no implique algo de dolor. Pensemos en situaciones en que hemos estado envueltos: una pelea en un supermarket; después cuando hagamos el cuento nos vamos a reír, porque nuestros amigos, a los que le estamos contando lo sucedido, se ríen. En una pelea con el jefe; en un problema entre esposos, incluso en una situación de divorcio, siempre que hacemos el cuento encontramos algo que nos hace reír de cómo sucedió el mal rato. Como se sorprendió el marido porque la mujer le planteó el divorcio; como la esposa dijo esto o lo otro. Hasta en momentos tan tristes como la muerte, cuando alguien dijo o hizo algo en la funeraria, que en medio del dolor, nos hizo reír. Los chistes sobre muertos, o sobre cosas que pasaron en un mortuorio, son muchísimos.

Y pensemos más: cuando nos reímos en medio de ésa situación dolorosa, la risa nos alivia el dolor.

La mezcla de lo cómico y lo trágico ha existido siempre en el teatro: Shakespeare, Calderón y Tirso han usado la comedia en muchas de sus obras. Porque es un hecho que el hombre más trágico está al borde del ridículo. Ya lo dijo el gran Oscar Wilde, cuya vida misma fue una comedia trágica: “solo los frívolos no pueden tolerar la frivolidad”. Y subtituló La importancia de llamarse Ernesto, una de sus grandes obras, como: “una comedia frívola para gente seria”. Ahí queda claro el juego de sentimientos y palabras que es la comedia.

En la comedia, el autor de la pieza, tiene que trabajar simultáneamente tanto la palabra, como la acción. Por lo general, aunque no siempre, algunos de los personajes, son tradicionales, o sea, responden a costumbres de nuestro pueblo, de nuestra familia, y asi, de forma tradicional piensan y actúan. Estos personajes tradicionales se enfrentan a los personajes y situaciones que no lo son.  

El dramaturgo puede exagerar como se visten los personajes; pero —sobre todo— debe saber acentuar el comportamiento humano, y exagerar lo que dicen los personajes, particularmente, la forma en que lo dicen y como actúan los personajes. También debe acentuar los ambientes, las circunstancias. Los personajes y las situaciones son estereotipos, son fingimientos de lo real para que el público se sienta bien, y se ría de las idioteces que dicen y hacen los otros. Los personajes de la comedia son “agradables”, aunque a menudo se presentan teniendo relaciones difíciles en el matrimonio, la amistad o los negocios, o con la vida misma; ya que “luchan por encontrar un sentido de pertenencia”.                  

Siempre hay “un sobrentendido”, y generalmente, se buscan soluciones a los problemas humanos a través de las relaciones con otras personas. Pero cuidado, nosotros nos reímos porque nos identificamos con todo lo que estamos viendo en el escenario.

El lenguaje de la comedia es coloquial, está al servicio de la sátira y la parodia. El lenguaje coloquial satírico socava y subvierte el discurso serio y autoritario de la existencia. Los escritores de comedias hacen una descontrucción de las formas de la sociedad. Y deformándola, alteran las normas sociales, morales, religiosas y hasta políticas. Por eso, nos reímos de la señora de la casa, de la muchacha inocente, del cura, del político, y de todo lo que sea posible reírnos. Y tambien de lo que no deberíamos reírnos.

Nosotros, los latinoamericanos, tenemos nuestro propio humor, igual que los europeos tienen su propio humor, y los estadounidenses tienen su propio humor. Cosas que hacen reír a un americano muchas veces no nos hacen reír a nosotros, y viceversa. Ellos tampoco se ríen de muchas cosas que nos hacen reír a nosotros. La buena comedia, —y esto es importante notar, nos hace reír a todos—.  No importa donde se escribió y de que trata. La situación y los personajes de la buena comedia hacen cosas que nos provocan el sentido del humor, sin tener en cuenta de dónde somos, o cómo pensamos. Autores de la talla de Moliére y George Bernard Shaw, lograron el éxito a través de los tiempos, porque plantearon cuestiones fundamentales de interés universal, muchas veces trágicas, con humor y mucha ironía, y por lo tanto perduran eternamente a través del modo cómico.  Pero, los grandes comediantes no son de la antigüedad únicamente. En los Estados Unidos contamos con comediantes como Neil Simon, el cual triunfa siempre que lo montan en Broadway, y del cual hemos visto películas, y cantidad de programas en la TV, como The Odd Couple. Las comedias de Simon triunfan porque logró captar al pueblo estadounidense perfectamente, y se burló de sus tonterías, haciéndolas universales. Sus personajes van más allá de los Estados Unidos, y por eso, gusta en todas partes.

Y, volvamos atrás, con Moliere (1622-1673) nos metemos en uno de las variedades más conocidas del estilo de la comedia: la comedia de modales, la cual, a menudo sacrifica la trama, que generalmente se centra en algún escándalo, en un diálogo ingenioso y en agudos comentarios sociales. Una de las obras más conocidas deL siglo XIX, pertenece a este género, es una que ya mencioné, la obra de Oscar Wilde, La importancia de llamarse Ernesto, de 1895, que satirizó la moralidad victoriana de la época.

   La comedia de modales es sumamente importante para los latinoamericanos y aparece entre nosotros desde épocas precolombinas, antes de que naciera Moliere. Es una predilección de nuestros dramaturgos, y actores, la de satirizar nuestros modales, nuestras costumbres, y vicios contemporáneos.

Al hablar del teatro latinoamericano tenemos que preocuparnos por lo poco que lo conocemos y por la forma en que lo valoramos. La historia del teatro que conocemos, y de la que, con un sentido europeizado, hablamos constante y encumbradamente, es la griega antigua: los clásicos. Pocos hispanoamericanos estamos al tanto de que los nativos prehispánicos tenían un teatro variado y riquísimo, tanto en el norte, en lo que hoy es México y Centro América, como en el Sur, con los incas y otros pueblos prehispánicos. Incluso, los incas tenían sus obras muy bien diferenciadas: en el Wanka, y en el aránway. El wanka era un teatro histórico y se encargaba de rememorar la vida y hazañas de los monarcas y de los grandes adalides del imperio. Pero en el aránway  se disponía de una temática más amplia, el aránway podía abordar cualquier episodio relacionado con la vida ordinaria. La falta de equivalentes exactos en el teatro europeo de la época dio margen para que los estudiosos e intelectuales “cultos” —siempre preocupados por parecer europeos o estadounidenses—, se refirieran al wanka y al aránway como si fueran idénticos a la tragedia y la comedia griegas. El padre José Acosta, un cronista de la teatralidad precolombina nos cuenta de las comedias prehispánicas:

Salían los representantes y hacían estremeces, haciéndose sordos, arromadizos, cojos, ciegos, y mancos, viniendo a pedir sanidad al ídolo; los sordos respondiendo adefesios, y los arromadizos, tosiendo; los cojos, cojeando, decían sus miserias y quejas, con que hacían reír grandemente al pueblo. (Historia natural y moral de las Indias, citado en Teatro Indio Pre Colombino de José Cid Pérez y Dolores Martí de Cid, 339).

O sea, los precolombinos ya hacían teatro cómico, lo que se desecha porque se desconoce, cuando llegaron los conquistadores españoles. Los cronistas hablan de comedias hechas por los nativos, que hacían reír al público con lo que decían, y de la forma en que se burlaban de los principales del pueblo, y de las personas que tenían algún problema físico o existencial. Además, el aránway se diferencia de la comedia griega, que es la que nos han enseñado, en que incluía música para hacer reír. La historia teatral latinoamericana tiene una trayectoria que se remonta a los tiempos prehispánicos. Lo que pasa es que los colonizadores destruyeron mucho teatro, o peor, actualmente los mismos latinoamericanos lo ocultan haciendo que las obras y sus historias no hayan pasado a nosotros, y las desconozcamos.    Los estudiosos del teatro latinoamericano tampoco se interesan en investigar, pero, el padre Diego Durán (1537-1588) y Fray Jerónimo Mendieta (1525-1604), sorprendidos ante los suntuosos bailes con máscaras y maquillaje de los prehispánicos, hablan de “las farsas, entremeses, y cantares, a veces demasiados picantes, o cosquillosos o de comenzón, como el cuecuecheuicatl”.

Al hablar de teatro no debemos pensar únicamente en el teatro europeo o angloamericanos. Tengamos presente al teatro hispanoamericano. ¡Es muy rico, aunque muy desconocido! En el siglo XIX, cuando los estudiosos de nuestros países dicen que no había teatro local, la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda, de la que Zorrilla, el autor del Tenorio, dijo: “que sus obran eran las únicas obras importantes que le interesaban”, nos dejó comedias como: El millonario y la maleta, y Errores del corazón, donde se burla de la sociedad en la que vivía. Es decir, trabajó la comedia de modales.

Teniendo presente lo dicho: el humor, si es bueno, traspasa fronteras, pero particularizando al teatro latinoamericano, deseo citar, al menos un par de ejemplos de como han hecho comedia varios dramaturgos contemporáneos de nuestra América, bajo distintos estilos, y temas. Los cubanos Antón Arrufat con Todos los domingos, y Nicolás Dorr con Las Pericas. Dos tipos de comedias del absurdo, donde los autores juegan estereotipando como comics a unas mujeres viejas. En Contigo pan y cebolla, Héctor Quintero nos hace reír con una esposa/madre pobre, que se preocupa del que dirán, mientras que su gran ansia es comprarse un refrigerador.  El venezolano Isaac Chocrón en OK nos hace reír con un triangulo amoroso. También, mexicanos como Salvador Novo, que en La guerra de las gordas, recoge la historia prehispánica y valiéndose de que en Tlatelolco, y en Tenochtitlán, les gustaba las mujeres gordas. El rey de Tlatelolco en una guerra contra el otro reino, pone mujeres gordas, recién paridas, al frente del ejército. Los soldados no querían luchar contra ellas, pues le echaban la leche de sus pechos, y eso los aterrorizaba. Contado asi, puede que no luzca tan cómico como lo logró Salvador Novo. Hugo Argüelles, el padre del humor negro, en una comedia como Los amores secretos de las Vampiras Morales, juega cruelmente con dos hermanas viejas, solteronas, que mataron al padre con curare, y ahora lo tienen en una urnita en la casa, como si fuera un muñequito. Por otro lado, Rafael Solana escribió Debiera haber obispas, una obra donde todos en un pueblo odian a la sirvienta del cura, hasta cuando este muere. Entonces comienzan a rumorar en el pueblo de que el cura, en su lecho de muerte, le confiesa al obispo que le había revelado los secretos de confesión de todos los del pueblo a la sirvienta… Y la risa está en cómo comienzan a comportarse todos en el pueblo con la sirvienta, desde el alcalde hasta la vieja chismosa.    

Esta es la clave de la comedia: los autores que mencioné, entre muchos, se ríen de sus indiosincracias, de sus pueblos, pero, y esto es lo importante,   lo hicieron a través de sus habitantes. Y nosotros nos reímos porque aceptamos esa burla, y nos reímos de lo que ellos nos presentan, y de cómo nos lo presentan.

El director y los actores de la comedia deben tener mucho cuidado al montar la obra, porque la exageración de la exageración puede resultar en simpleza, en chabacanería, y hasta en vulgaridad. Entonces, la comedia pierde su sentido teatral, y se convierte en un acto vulgar. Es cierto que la vulgaridad siempre nos hace reír a todos: una mala palabra, y mientras más vulgar sea, más nos hace reír, pero eso no es comedia. Una mujer linda, con un vestido apretado, acercándose a un viejo lascivo, es carcajada segura, pero ¡cuidado! ¡Eso no es comedia! Esas malas puestas en escena, pueden hacer mucho daño a la comedia. Sobre todo, pueden hacerla aparecer simples para aquellos espectadores que no saben mirar más allá del hecho de que son divertidas. Y, lo malo es que hace que los que saben disfrutar el teatro, rechazan ese tipo de comedia fácil y bulgarota.

Por eso, mucha gente de teatro, de mente limitada, considera a la comedia, y a los comediantes, como teatro y dramaturgos, de baja calidad. Pero, las comedias son, de hecho, con frecuencia más perceptivas y reveladoras de la condición humana que muchas obras calificadas como dramas complejos.

         A mI, me gusta la comedia. La he trabajado frecuentemente; hasta en mis obras trágicas, hay momentos cómicos. Siempre hay momentos de ironía, que hacen reír. En Solidarios, busque la comicidad al reunir a latinos de distintos orígenes, en un edificio del Bronx, que se enfrentan a la inmigración; en Noche de ronda, procuré la risa a través de  un homosexual que hace una reunión de amigos para despedirse porque está seguro de que tiene SIDA. TEBA produjo una de sus varias puestas en escena. En “La muerte y otras cositas” que también produjo TEBA, y dirigió Raul Rivera, en mi opinión, acertadamente, y con un elenco de primera, la risa la provoca la muerte del abuelo, en el Bronx, el mismo día en que se celebran los Quince de la nieta, que se niega a suspender la fiesta, y sienta al abuelo en la sala, enfrentándose a su madre, —la hija del muerto–, una mujer de un carácter muy débil.

  Otra de mis comedias es La oreja militar, que Coqui Theater presentó en el II Festival de Comedias de TEBA, llevado a cabo en New York y en New Jersey. Una comedia que nació cuando unos bandidos musulmanes secuestraron a dos monjas españolas, al mismo tiempo que sucedía la Guerra de Las Malvinas, en la cual los ingleses les cortaban las orejas a los soldados argentinos muertos, y se los colgaban como amuletos. Raúl Rivera también dirigió esta obra con mucha chispa, y con cuatro grandes actores y actrices, logrando un espectáculo, que en su estreno en New York, a principio de este 2018, hacía que la gente se riera a destornillarse.

En esta ciudad donde vivimos, en la ciudad que es considerada la capital de la cultura y el teatro, estamos frente a un acontecimiento interesantísimo: TEBA trata de buscar la parte cómica de la vida a través del teatro, y realiza su segundo festival de la comedia de TEBA. Durante este festival, como dije, presentándose en el Bronx y en Union City, presenta seis comedias de todos los tipos, para que nos podamos reírnos hasta de nosotros mismos. Por eso, antes de continuar, Primero, deseo felicitar a Héctor Luis Rivera, y a todos los que colaboran con él, para organizar y llevar a cabo, este festival de  comedias. En el festival se presentarán comedias de dramaturgos de distintas nacionalidades y puntos de vista.¿Y qué vamos a ver en el festival?: al Grupo Tocando puertas presentando una serie de sketches, por el lado morbosos de la risa, que exploran la sexualidad, la infidelidad, y el género. Por su lado, el Grupo GOTA presentará tres piezas cortas: El último selfie de Fernando Azpúrua; Drácula del mexicano Tomás Urtusastegui; y Cuernos de Yunior García, un joven cubano, perteneciente a la última generación de dramaturgos cubanos, que se ha llamado “Los novísimos”. Las obras presentadas por GOTA tratan de la amistad, la sexualidad, homosexualidad, infidelidad y otros problemas sociales. 

ALUNY presentará Miss Universo USA de Geovanni  Jerez, quien  a través de chistes explora la inmadurez, el concepto de belleza, la inteligencia, la confianza, y la inestabilidad.

Además de La oreja militar y En este apartamento hay fuego todos los días, ambas comedias escritas por mi, Coquí Theater presentará La travesía de un campesino de Jorge Nieto que trata sobre la modernización y la aculturación al sistema proletario. 

Indiscutiblemente, un festival tan variado como los estilos de la comedia misma.

Gracias Héctor Luis, y todos los artistas que participan.

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