Frida y Diego: iconografía, memoria y realismo mágico
June 10, 2026
Frida y Diego: iconografía, memoria y realismo mágico
“El último sueño de Frida & Diego” -Elliot Ortiz
Debo aclarar primero – a manera de disclaimer – que no soy, ni pretendo ser un crítico de arte y menos de ópera, animado por mi querido Héctor Luis Rivera, me atrevo a poner en palabras escritas mi experiencia con esta últimaproducción de El Metropolitan Opera House del Lincoln Center: El ultimo sueno de Frida & Diego, con música de Gabriela L. Frank y libreto de Nilo Cruz. El MET la describe como un retrato de realismo mágico sobre Frida Kahlo y Diego Rivera, construido como una inversión del mito de Orfeo y Eurídice: Frida regresa del inframundo durante el Día de Muertos para reencontrarse con Diego, el MET insiste en que no es una obra biográfica de ninguno de los artistas en cuestión (Frida o Diego); sino, como diríamos en criollo “una fumada de lumpia” que imagina a una Frida y un Diego en este “limbo” donde se unirán.
Desde que la había visto primero en pantalla, para luego tener la experiencia del espectáculo en vivo, me encanto sobre todo el acto I, pues mi primera impresión fue que no parece una ópera convencional; sino casi una pieza teatral-dancístico-operática, en ese orden; sí tuviera que poner un “tag” (por aquello de la dinámica del social media) o adjetivo. Es en esa teatralidad que posee la pieza, donde la audiencia se conecta, pues el realismo mágico del que hablan sus productores y los críticos, tiene su efecto, no para “explicar” la magia, sino para hacer visible lo invisible y aquí debo comenzar por mencionar el trabajo de Nilo Cruz, libretista de la ópera y quien – además – es el autor de Ana en el trópico (Cruz se convirtió en el primer dramaturgo latino en ganar el Premio Pulitzer de Drama con esta obra en 2003), en lo que recuerdo de Ana en el trópico, tomando como inspiración a Anna Karerina en una cigarrera cubana, ahora el cuento en esta ópera es otra cosa; donde existen algunos elementos similares la una con la otra, más por estilo que por inspiración, pero si puedo identificar queambas obras utilizan una fuente artística como puerta de entrada a la vida emocional oculta de los personajes: en Ana en el Trópico, es la literatura; en Frida y Diego, son la pintura, el ritual de la muerte y el mito mexicano.
La puesta en escena va tejiendo diversos elementos haciéndolos ricos, coloridos, llenos de un aroma hispánico como el trabajo artístico de sus protagonistas (Frida y Diego) y comienzas a ver esos detalles como un plato que te seduce cuando lo ponen sobre una mesa bien vestida y cuidada, incluso los platos donde ese manjar está servido;y cuando comienzas a cometerlo los sabores vuelven loco tu paladar, pero no sabes exactamente a que te sabe ese plato (por la explosión de sabores), para mas tarde comenzar a identificar todos esos diferentes sabores, las especies, los condimentos, el aderezo…eso sentía en este primer acto. El dramatismo hispano en aquella celebración del día de los muertos, con sus texturas, y colores, la muchedumbre, las flores, el elemento religioso… la aparición de Diego (Carlos Alvarez) como un tenor sobrio y acoplado, pero todo cambia cuando la Catrina (Gabriella Reyes) se descubre así misma, tanto el personaje como su interprete se adueñan del escenario ABSOLUTAMENTE en toda la escena; mientras el piso se agrieta y se abre – como un infierno – la escena se transforma en un “purgatorio” (por aquello que allí reposan las almas mientras esperan el juicio final). De las grietas sale fuego, y de allí emergen unos esqueletos… Catrina llama a Frida, a petición de Diego, en aquella dimensión, finalmente aparece de entre aquellas grietas del piso en llamas: Frida (Isabel Leonard), su interpretación también es correcta sin llegar a superar el impacto que ya ha realizado la Catrina: muy cómoda la Reyes en la piel de Catrina, añade las risas como de la muerte que ha viajado por siglos, dictamina las leyes y el acuerdo que Frida debe seguir: por solo 24 horas podrá volver a la vida y verse con Diego, pero no puede dejarse tocar por él, y este será el arco dramático en el segundo acto de la pieza.

Acto II, el telón descubre una escena – para mi clave en la historia del arte, la política y la sociedad estadounidense y latinoamericana. Diego Rivera hacia un mural para el Rockefeller Center en Nueva York (1932/1933), debo mencionar este hecho histórico y me pareció genial que fuese incluido en la ópera. La situación se convirtió en un escándalo público porque Rivera incluyó la imagen de Vladimir Lenin en el mural. La obra presentaba un fuerte contraste entre el capitalismo y el socialismo/comunismo, un tema políticamente sensible en Estados Unidos durante la década de 1930. Nelson Rockefeller le pidió a Rivera que eliminara el retrato de Lenin, pero Rivera se negó. En su lugar, Rivera ofreció agregar figuras como Abraham Lincoln, pero no aceptó borrar a Lenin. Debido a esa negativa, Rockefeller Center detuvo el proyecto. Rivera fue pagado, despedido, y el mural inconcluso fue primero cubierto. En 1934, el mural fue destruido. La decisión provocó protestas de artistas y se convirtió en uno de los ejemplos más famosos del conflicto entre la libertad artística, el patrocinio privado, el capitalismo y la censura política en el arte moderno. Por eso desde el principio decía, que lo invisible se hace visible. Volvemos a la escena de este acto, donde vemos a Diego haciendo aquel mural, los bailarines lo acompañan con unos movimientos muy acertados; mientras que las figuras de sketches aparecen y desaparecen en proyecciones dinámicas sobre aquel mural que está realizando …La obra artística y la iconografía de Diego Rivera están arraigadas en la historia, la revolución, el trabajo y la memoria colectiva. Su arte posee una poderosa voz política, celebrando la dignidad del pueblo mientras confronta la desigualdad, la explotación y la historia colonial. Entonces las imágenes de Rivera son una composición audaz, con simbolismo y una profunda conexión con la identidad mexicana, creando un puente entre el arte, la educación y la justicia social … estos son elementos que van tejiendo el todo, como una telaraña compleja donde el poder del arte actúa como herramienta de transformación política y social.
Al reaparecer otra vez Frida en este acto, viene consigo su iconografía artística, mientras Frida evita a toda costa ser tocada por Diego (recordando el dictamen de la Catrina) y debatiéndose – esta vez – entre el amor por Diego y volver a pintar, y trabajar sobre el lienzo. Aquí aparecen algunos elementos iconográficos del trabajo de Kahlo. Debo recordar que su trabajo estuvo basado en el dolor, las heridas emocionales, la soledad y la agonía física, pero también contienen un sentido feroz de pasión, resistencia y verdad. A través de sus autorretratos, Frida transformó el sufrimiento personal en un poderoso lenguaje visual, utilizando su propio cuerpo como un territorio de memoria, trauma, identidad y supervivencia.Frida se convirtió en una voz extraordinaria para las mujeres, la justicia y la autodeterminación, desafiando las expectativas sociales y el silencio político a través de su arte y su imagen pública. Como artista, activista y mujer, convirtió la vulnerabilidad en fortaleza, creando una iconografía que continúa representando la resiliencia, la rebeldía y el derecho a existir plena y libremente.
En escena, siguen apareciendo mas elementos de esa iconografía, las Dos Fridas, y Portarretrato con Pelo cortado, son 3 “Fridas” que aparecen en escena para cantar, como si todas las Fridas reforzaran un testamento de fuerza y convicción, y es aquí donde Frida menciona: “la salida es alegre y espero no volver más”. Que se puede interpretar como si de aquel limbo de donde es llamada por Catrina, no quiere volver al mundo real, y ahora que esta en el mundo real no quiere volver al limbo;mientras su área donde repite una y otra vez la palabra:agonía, reafirmando una vez más, como con su arte fue un proceso a la traición, a sentirse no querida, prevaleciendo su dolor y agonía, con Rivera como recurso de sus heridas emocionales. Diego por su parte – en el mismo acto / escena – le dice en algún momento: “unos cuantos piqueticos”, mencionando uno de los cuadros mas impactantes de Frida en vida (la mujer apuñalada en la cama) y esta vez refiriéndose a las heridas que Diego le causo emocionalmente. Finalmente, Diego juega con algunas sandias en el mercado, para terminar esa escena cortando una en dos mitades, otra vez otro elemento iconográfico: la pintura con las sandias y una grande cortada en mitades y donde Frida escribió: Viva la vida.
Con la música, hare comentarios en base citas hechas por critica especializada, pues en lo positivo la música ha sido descrita como rica en color orquestal, con una escritura muy visual y dramática, y destaca, cómo Frank incorpora ecos del folclore mexicano y elementos del mariachi, especialmente en el segundo acto, sin abandonar un lenguaje moderno, oscuro y a veces disonante que ayuda a construir el mundo del inframundo y del realismo mágico. Con ello yo estoy de acuerdo, y añadiría que muy cinematográfica en varios momentos lo que la acerca más a lo onírico/sueño que al realismo. Y creo – y estoy de acuerdo con varios críticos – que el director de la orquesta debió aprovechar de mejor manera los momentos con color mexicano, mariachi o marimba. Según esa reseña, algunas secciones sonaron demasiado limpias o controladas para transmitir verdadera pasión latina.
Ahora voy con la coreografía …. Ahhhhh, aquí se me hace difícil, pues me debato entre lo que hubiese hecho yo – como coreógrafo – y tratar de mantenerme distante del sentimiento en el discurso coreográfico: hasta que Frida en el acto I emerge del suelo agrietado en llamas, me gusto el trabajo coreográfico, pues esta hecho con estructuras simples, que no compiten ni con la puesta en escena, ni con los cantantes protagónicos, emanan la libertad de una danza moderna y por qué no “danza-teatro”. Cuando los esqueletos comienzan a moverse como “break-dance” o “hip-hop” en medio y alrededor de una Frida que trata de explicar su dilema, no me pareció atinado. Creo que los discursos de movimiento, cuando se trabajan en el teatro, en el musical, en la ópera están allí para operar como un apoyo, pero cuando lo “amarras” a una técnica especifica, rompes el puente y deja de funcionar. No obstante, en el acto II, otra vez vuelve a ser atinado y sigue así hasta el final. Un bravo – de pie – a la realización y diseño de vestuario y utilería, por verdaderamente entender los valores culturales de cada pieza, ¡¡¡de cada elemento… bravo!!!
Por último, una información sobre si esta es la primera vez que el MET hace una opera en español, y su atracción a un grueso de la audiencia Latina: El Met presentó Florencia en el Amazonas, del compositor mexicano Daniel Catán, en 2023. También llevó a escena Ainadamar, del compositor argentino Osvaldo Golijov, en 2024. El Último Sueño de Frida y Diego forma parte de un grupo muy pequeño, de óperas en español presentadas en el MET, pero no es la primera (la primera ocurrió en 1916: Las Goyescas). El Último Sueño de Frida y Diego no solo representa una producción en español dentro del Met; también funciona como una estrategia cultural para acercar la ópera a audiencias jóvenes y diversas. El MET creó una celebración cultural mexicana en toda la ciudad, con alianzas con restaurantes mexicanos e hispanos, eventos públicos, conversaciones con Gabriela Lena Frank y Nilo Cruz, colaboración con el MoMA y actividades vinculadas al Día de Muertos, la pintura, la comida y la memoria cultural mexicana.
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